Futuro (bis). 2ª Parte.

“No hablemos del futuro, eso ya ha pasado”. Esa frase se me clavó en la mente como un dardo. Está frase la volví a escuchar en la serie Flashforward, el capítulo tres, la pronuncia el preso nazi para anunciar lo inútil que sería evitar su liberación, lo había visto en su desmayo. Me acordé, no entendí en ese momento por qué, del comienzo que Tolstoi da a Ana Karenina: “Todas las familias felices se parecen, las desdichadas lo son cada una a su manera”. Recuerdo que la primera vez que la leí me pregunté porqué me parecía eso una verdad como un puño. Entonces pensé que era porque la felicidad es como el dinero, se puede falsificar. Cuando vemos a alguien feliz no siempre vemos a alguien realmente feliz, lo que ocurre es que nos quedamos satisfechos con que satisfaga los criterios nuestros de lo que significa ser feliz. Estos criterios o bien son fingidos, o bien no son compartidos. Sin embargo, la desdicha no importa que se finja, y si no se finge no importa la causa, es desdicha, nadie la envidia ni la busca. Ahora pienso que es que la felicidad es como lo escrito, nos persigue su imagen toda la vida, sólida, como un futuro que se teme o se desea en tanto que Destino. En ese sentido la felicidad es cosa del pasado, porque es una elaboración fosilizada, que no se actualiza, que es íntima. En realidad la gente desdichada lo es porque no puede escaparse de su futuro. La gente feliz lo es porque no quiere escaparse de su futuro. Por lo tanto, para ambos el futuro es cosa del pasado.

Sin embargo, la frase de A. a R. contenía otro mensaje. Parecía estar diciéndole que la libertad se encuentra al considerar el futuro como cosa del pasado. O que nos equivocamos en el uso de esa palabra. De alguna manera le estaba diciendo que tenía que aceptar que cada decisión modifica las circunstancias en el que decidiste cuál debía ser, o era, tu futuro. Es decir, debía saber entender las consecuencias de sus actos. Y esto me lleva a la serie FlashForward. La serie plantea al comienzo una situación en la que todos y cada uno de los seres humanos saben un pedazo de su futuro, seis meses adelante, pero ignoran cómo van a llegar a él. Se puede dividir a los personajes de la serie en dos tipos: aquel personaje que quiere escapar de su visión, aquel personaje que quiere encontrarse con ella. Es decir, en FlashForward nos enfrentamos a una historia en la que hay personajes que viven una epopeya y personajes que viven una tragedia. Aquellos que hayan visto el desastre de su vida presente lucharán por evitar que el futuro se cumpla. Aquellos que se ven salvados de su desastre presente, o que ven que nada cambia, desearán que ese sueño se haga realidad. Y el conflicto está servido, no en las historias individuales, sino también entre el bando de los que quieren que el futuro se haga realidad y los que quieren negarlo.

La pregunta, que se puede formular de muchas maneras, se puede formular también de está: ¿quién resultará victorioso? Porque uno en seguida se siente tentado a formularla de la siguiente manera: ¿hay determinismo o hay libertad? Pero sí se formula así se pierde el fondo de la cuestión. Porque no se trata de si el ser humano puede o no puede influir en el curso de su vida. Es decir, la serie se plantea como una serie coral, y eso para mí es un dato muy importante porque parece que te está queriendo decir que el que cada uno de los personajes vea cumplido su futuro depende de que el de los demás también se realice, lo que es lo mismo que decir que para que haya epopeya ha de haber tragedia, para que haya felicidad ha de haber infelicidad. Por lo tanto lo que se plantea no es si el ser humano puede o no influir en el curso de su vida, sino que trata de la influencia que unas vidas ejercen sobre otras: Mosaico. La visión general no se asemeja a nada que puedas ver en lo particular, el dibujo de la totalidad sólo puede verse contemplando la totalidad. Todo unidades interdependientes, un sistema cerrado, teoría del caos pura y dura.

La pregunta de ¿quién saldrá victorioso? Se interroga por sí ganará la tragedia o ganará la epopeya, porque la victoria de una implica también el éxito de la segunda, es sobre qué individuos son los que vivirán una tragedia y quienes vivirán una epopeya.

Futuro (bis), 1ª Parte.

Ayer dos personas que estaban a mi lado en la barra del bar conversaban sobre asuntos personales. El caso es que uno de ellos por lo visto andaba muy preocupado con cuál iba a ser su situación ahora que había decidido dejar el trabajo. Como yo no tenía nada mejor que hacer pegué la oreja mientras mi cigarro y mi cerveza se iban consumiendo. El susodicho llevaba una camiseta roja mientras que el amigo llevaba una azul. El de la camiseta roja, a partir de ahora R., hablaba animadamente, pero con ese tipo de ánimo que recuerda más a desesperación que a otra cosa. Mientras, el de la camiseta azul, a partir de ahora A., escuchaba con paciencia, pero con ese tipo de paciencia que huele ya a impaciencia. Parece que todo giraba en torno a que precisamente había sido A. quién le había metido en la cabeza que dejase ese trabajo y se dedicase a lo que R. realmente estaba destinado. El detalle sobre cuál era el destino de R. no fue mencionado en la conversación, pero parece que tenía que ver con algo artístico. R., estaba tratando de decirle a mi entender que estaba muy satisfecho con su decisión, que no echaba para nada de menos su trabajo, que incluso la cuestión económica le dejaba indiferente. Explicaba cómo había logrado, a través de un escrupuloso control del gasto y de vender su coche y no sé qué más, tener una vida muy modesta pero poder dedicarse de pleno a lo suyo. Decía también que desde que había abandonado el trabajo se levantaba todas las mañanas con ánimo, con ilusión, como si cada día fuese a ser de vital importancia para el resto de su vida. A. le escuchaba dando tragos a su cubata y largas caladas a su cigarro, asintiendo pero con una tizna de indiferencia que para mí era un nítido síntoma de que esperaba finalizar lo antes posible esa línea temática. Decidí pedirme otra cerveza. Me encendí otro cigarro.

-          Mira, R., cuando te dije que tú no eras feliz por causa de tu trabajo…

-          ¡Sí!, eso fue lo que me dijiste. Y yo concluí que debía dejármelo.

-          Sí, lo sé, lo sé.

-          Pero ahora me dices que mi obra no te gusta, que no te gusta en lo que me he convertido.

-          Yo nunca te dije que hacer eso te haría mejor para mí, a mí me parecías bien como eras.

-          No lo entiendo, no lo entiendo. Se supone que esos consejos se dan porque espera uno que lo sigan.

-          Bueno, no necesariamente. Tú me pediste mi opinión, yo te conozco y sé que lo mejor para ti es que te dediques a lo tuyo… pero eso no significa que yo eso lo vea bien.

-          Vale, ¿entonces tú, a alguien que ansía matar, le aconsejarías que lo hiciese si así es feliz, aunque a ti no te parezca bien?

-          Yo lo que hago es ponerme en tu piel, nada más. Si me pongo en la piel de un asesino pues sí, pero no sería amigo de un asesino.

-          ¿Me estás diciendo que ya no eres mi amigo?

-          Bueno, te estoy diciendo que a mí, que me hables de tus historias me pone incómodo, porque no me interesan. No me gusta hablar de eso contigo. No me gusta tu obra, R..

-          Pero entonces ¿y el futuro? ¿y mi futuro? ¡yo contaba contigo cuando opté por ese futuro!

-          Mira R., no hablemos del futuro, eso ya ha pasado.