De paso

en la ventana no hay nada. abierta. desde la ventana la calle. desde la calle yo. yo junto a la ventana. no le queda mucho a este cigarro. no le queda mucho al día. debería moverme. juntar todas las opciones que tengo en la palma de mi mano. no se me da bien tomar decisiones. hoy no he hablado con nadie. qué importa. como si tuviese algo que hacer. como si algo estuviese esperando a que yo tomase una decisión. yo solamente quiero oír unas palabras. unas del tipo “levántate y anda”. seguramente me pondría a andar. hoy no he hablado con nadie.

en el espejo retrovisor no hay nada. desde él el camino que voy abandonando momento a momento. desde el camino que voy abandonando momento a momento mi coche. yo dentro. no le queda mucho a esta canción. me gusta esta canción. no le queda mucho a mi ocio. el trabajo está aquí. lavar gente. hacer camas. deshacer camas. mover gente. de un lado a otro.

un mensaje. tu padre está en el hospital. y lo primero que pienso es en si lo habrán ingresado en el que yo trabajo. sería mejor. luego me preocupo por él. en el umbral de la puerta de los vestuarios no hay nada. desde el umbral gente desvistiéndose y vistiéndose. desde la gente desvistiéndose y vistiéndose yo diciendo que mi padre ha sido ingresado. alguien pregunta si en este hospital. sería mejor. no lo sé. tengo que preguntarlo, pienso. tendrías que preguntarlo, me dicen. tengo que preguntarlo.

abandono el hospital. voy al hospital. en un hospital muevo gente, lavo gente, hago camas, deshago camas. en un hospital no hay camas, no hay gente, está mi padre. llego. entro en el ascensor. miro mi reflejo en la puerta del ascensor. en mis ojos no hay nada. desde mis ojos mi rostro. desde mi rostro algo indecible. la puerta se abre. el reflejo me abandona, mi rostro, lo indecible, se quedan mis ojos con esa nada que espera a que alguien le diga “levántate y anda”.

la habitación está vacía y mi padre está dentro. ¿y mamá? es tan pequeña que casi no se la ve. se levanta de un silloncito que hay frente a la cama para saludarme. con pasitos cortos se acerca, me coge la cara como si fuese un cuenco para beber y me da un beso en la mejilla. 

              -no deberías trabajar en ese sitio.

              -no debería trabajar, mamá.

              -deberías relacionarte más con la gente. 

              -no me gustan las malas compañías.

              -acabarás solo al final.

              -es un buen comienzo.

las miradas de los tres confluyen en el ortocentro del triángulo que formamos. una bonita forma de evitarnos. una forma geométricamente impecable. la habitación está vacía. llena de espacios vacíos; de oquedades pasadas, de incertidumbres futuras. me muero. pero no le oigo decir eso. aunque es eso lo que debería haber dicho. me acerco al borde izquierdo de su cama. te mueres. te mueres. te mueres. aunque no es eso lo que le digo. no le digo nada. y no pienso en él. en mi mente no hay nada. abandonada. desde mi mente su respiración cada vez más trabajosa. desde su respiración yo, observando cómo se va deshaciendo su rostro en fría inercia. sin darme cuenta me pongo a calcular las respiraciones que hace por cada respiración mía. sin darme cuenta me propongo acompasar las respiraciones para que mi pecho se hinche a la vez que el suyo. mi madre llora. mi padre me coge de la mano. la aprieta un poco. no para quedarse aquí. la aprieta porque quiere llevarme con él. entiendo el gesto, agarro firmemente su mano.

su cuerpo se ha convertido en él. ya no es una imagen suya. ya no es un ejemplo de lo que debe ser su espíritu. ahora es él. está vacío. desde mi padre la muerte. desde la muerte algo indecible, algo más o menos como yo.