amaina

ese del espejo

soy yo

a veces

ese que se despierta

soy yo

a veces

ese que duerme

soy yo

a veces

a veces entiendo una sonrisa

a veces la calma amaina

mi deseo de rosales

autorretrato

manos ásperas

ternura blindada

rostro afeitado

las canas ya están aquí

han colonizado mi pecho

mis patillas y mi nuca

pies suaves

mirada gastada

lastre en la sonrisa

más recuerdos que esperanza

más esperaza que fe

más fe que confianza

desde niño una cicatriz zurda

desde joven un dolor en el tobillo

un meñique luxado

de mayor una costilla menos

he visto milagros

he escuchado a las esferas

he encontrado lo que buscaba

y lo he perdido

me he quedado quieto

y en mis hombros se ha posado

la felicidad

a mi espalda hay historia

bajo mis pies el suelo

sobre mi cabeza un sueño:

que yo soy mi destino

el horno

un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado. te quedas en casa y tienes muchos planes. mucho que hacer sí sí, mucho que hacer. hoy sales del atolladero. hoy limpiarás el horno, por ejemplo. y te pones manos a la obra. un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado. te las prometes muy felices, empiezas suave, friegas los platos, no hay por qué estresarse. son las doce del mediodía. no hay por qué estresarse. haces la mitad de la fregada. en todos los trabajos se fuma. te distraes con el cigarro en la mano, los ojos en la pantalla del ordenador. internet es un abismo. las dos, mierda, la fregada. la acabas. hoy es tu día especial. hoy vas a hacer grandes cosas. poner en orden tu día a día. poner en orden los días cualquiera con este inefable día especial. un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado.

ahora tocas tú, horno. lo abres. lo miras. negro de grasa. negro negro de grasa, como mis días. hoy te voy a dar lo tuyo hornito. cojo un producto que se dejó mi ex-mujer en casa: limpia hornos bosque azul. soy de los que leen las etiquetas. mala costumbre, así me engaña la gente con tanta facilidad. me creo que son sinceros. también creo que son sinceros los fabricantes de limpiahornos. en un momento estarás limpio como una patena. primera impresión: ¡esto es un puto veneno! por poco me intoxico mientras  rocío esa espuma blanca y corrosiva por todo el interior del horno. quince minutos para que actúe en hornos con un grado de suciedad normal. siempre tiendo a equivocarme cuando juzgo el grado de mierda de un horno, me pasa con otras cosas también.

un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado.

ha pasado el tiempo y ahora te voy a dar un buen friegue. empiezo con tenacidad. no tardo en darme cuenta de que el puto producto ese ha exagerado un poco con su eficacia. la grasa está pegada en costras, no, casi parece que forma parte del esmalte del horno. dale que te pego y a penas me concede verle algunos rodales limpios. el horno era gris claro cuando se compró. al menos ahora sé de que color es. bien. otra dosis. esta vez le daré un horita. gasto el bote entero. el interior del horno parece ahora un belén, lleno de nieve, escondiendo bajo ese blanco toda la inmundicia de tantos y tantos días. lo cierro. en todos los trabajos se fuma, las seis de la tarde. el día especial se va recubriendo de grasa. de hastío, de agotamiento. un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado. vuelvo. querido, ahora ya no va a haber quien me pare. me arremango. me hinco de rodillas. abro la puerta. la nieve del belén ha desaparecido, ahora lo que hay es en la base un charco hediondo de espuma y de grasa disuelta. parece que se ve más gris. me crezco. le doy con saña. un par de veces me golpeo con la resistencia del grill y maldigo mi sombra. sigo, dale que te pego. pero todavía no queda limpio. ahora tiene el aspecto de unos pantalones sobre los que han caído la salpicadura de un charco tras pasar un coche veloz por él ¡NECESITO QUITAR HASTA LA ÚLTIMA SEÑAL DE GRASA! decido tomar medidas desesperadas. lo enciendo. que se caliente. caliente la grasa cederá. en todos los trabajos se fuma. las ocho y media de la tarde.

un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado.vuelvo al abismo de internet. me llama mi ex mujer, y mientras hablo con ella empiezo a oler un olor extraño. mierda. voy a la cocina. el interior del horno es una nube blanca de gases tóxicos. el fantasma de las navidades pasadas presentes y futuras. el puto raknarrok, ahí, esperando a que yo abra la puerta del horno para meterse en mi cabeza a través de mis vías respiratorias. cojo un trapo y lo mojo. me lo pongo en la boca. las pelis son útiles cuando uno no sabe qué hacer (esto pasa también cuando uno no sabe qué decir). cierro la puerta de la cocina. abro la puerta de la terraza. abro la puerta del horno. la nube sale y, como si tuviese una misión perversa que cumplir,  se arremolina sobre mi cabeza, expectante, atenta a cualquier distracción por mi parte. pero me muevo rápido y, a pesar de que ella se apresura a seguirme, consigo salir de la cocina y cerrar la puerta tras de mi antes de que me alcance. lo logré pero, el horno ahí está, esperando, calentito.

calentito, y tan calentito, tras comprobar que la nube se ha disipado, pero no el olor a veneno, el olor no, me he puesto a limpiar el horno con un trapo mojado y, cómo no, me he quemado la oreja, porque no se me ha ocurrido otra cosa que meter la cabeza en el horno para ver mejor los detalles de grasa que quedaban por quitar. sí, lo de Van Gogh al lado mío queda muy romántico y tal, el discutiendo con Gauguin, yo con mi horno. pero ahora, si me vieseis, tengo un aspecto parecido con la oreja vendada. pero volvamos al horno. que más que un Gauguin lo he dejado con aspecto de un Pollock, ya que al final, tras el incidente de la oreja, he decidido dejarlo con su ración de grasa que un día cualquiera es como un día especial, un día especial se hace cualquier día en el momento menos esperado. hora de cenar.

nada ni nadie

no hay nada

aun así

poseémos cosas y

vertimos desechos en las alcantarillas

perdemos cosas y

decoramos nuestras casas con gusto, el nuestro

organizamos cosas y

clasificamos la basura

deseamos cosas y

hacemos viajes que no sirven para nada

no hay nadie

aun así

tengo 55 amigos de facebook pero

todavía busco a mis amigos

me he acostado con algunas mujeres pero

actuo como si nunca lo hubiese  hecho

bebo solo en la barra del bar pero

escucho las conversaciones de los demás

y sigo poseyendo y sigo perdiendo

y sigo organizando y sigo deseando

y no hay nada ni nadie

pero las palabras las mujeres las amistades

las mías, las vuestras.

¿por qué no?

no busco en el nicho a la palabra, la dicha. la llamo dicha. o la llamo felicidad. o no la llamo, dejo que llegue. el orden preciso de las formas no reside en el mundo, no reside en mí. está en el contacto. pero es fácil perder cobertura, regresar al bostezo original. al final la rebeldía es el habla y por eso el rebelde no puede ser un solitario. hacen falta al menos dos seres libres.

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