otro otoño

a veces vas caminando por la calle y llueve aunque luzca el sol. la calle está llena de hojas secas aunque sea primavera. es de noche de día. caminas en una calle vacía. a veces vas caminando por la calle y eres un olvidado, y lo sabes, y casi no te importa porque casi has olvidado que te olvidaron. por lo menos lo intentas y por eso caminas por la calle. y a veces es realmente de noche, la calle está vacía, llena de hojas secas y caminas a través de la lluvia. y esas veces recuerdas que te han olvidado, pero piensas que ya no importa, porque olvidaste a quien te olvidó, y no recuerdas la última vez que lo hicieron. entonces, casi feliz, te sientas en un banco, rindiéndote al abrazo de la lluvia, a los besos de la noche, al arrullo de la hojarasca, y disfrutas del momento. y, realmente, te das cuenta del momento. porque no hay otra cosa. porque la memoria es para los muertos y tú estás vivo. y, eso, es esperanzador. por eso me gusta el otoño.

a veces uno busca la salvación, pero casi siempre buscamos la condena en nuestros actos. nuestros actos no son nuestros. escapan de nosotros en el mismo momento de ejecutarlos. se funden con el mundo y se dedican a tener vida propia. y son leídos, interpretados, comprendidos. entonces a ti vuelven esas lecturas, esas interpretaciones, esas comprensiones; sean las que sean, pero no las deseadas. no hacer nada es la  mejor manera de no estar condenado. la búsqueda de la salvación es la búsqueda de la no intervención… ¿y quién quiere ser salvado? lo que pasa es que esas condenas, esas lecturasinterpretacionescomprensiones, nos hunden en el lodo del tiempo vivido. así que un día el otoño regresa y te salva, porque el otoño es la prueba de que todo muere, nada permanece, incluso nuestros actos, incluso las consecuencias de nuestros actos.

si todos fuésemos uno. si todos supiésemos vivir desde el interior de los demás, seguramente nos daríamos cuenta de que no hay nada que temer, que realmente todos queremos lo mismo y de la misma manera, solo que somos tan torpes. soy tan torpe. no sabemos hacer que nuestros actos sean una prueba de amor. no sabemos hacer otra cosa que poner condiciones. condición de qué es ser esto, qué es ser lo otro. si esas condiciones no son satisfechas, entonces rechazamos la propuesta. por eso estamos tan solos.

si confiases. si yo confiara. hace un tiempo una amiga me dijo que yo siempre reducía muchos actos de las personas al miedo. y que decir que todo es por el miedo es no decir nada. bien, supongo que con miedo me refiero a esto: no querer asumir que la otra persona necesita exactamente lo mismo que tú, que espera lo mismo que tú, y que te intenta dar eso pensando en cómo lo quieres recibir tú. como decía Lacan: amar es dar algo que no se tiene a alguien que no lo necesita. exacto, complicamos nuestras relaciones porque tratamos de imaginarnos el lugar del otro, y entonces se da el fallo. no es necesario imaginarse el lugar del otro: todos estamos en el mismo lugar, una ciénaga confusa y empobrecedora de soledad. pero nadie lo quiere reconocer. es más fácil pensar que todos somos diferentes, porque eso, de una manera u otra, nos permite reprimirnos a nosotros mismos. si nos dejásemos de tantos y tantos rodeos… seguramente acabaríamos todos a puñetazos, pero así a lo mejor dejaríamos de dárnoslos a nosotros mismos. dejaríamos de autodestruirnos, enfermarnos, y envenenar este mundo con el resultado. quizás amar al prójimo como a uno mismo signifique eso, correr el riesgo de acabar a puñetazos.

es tan necesaria la confianza, y tan escasa… es tan abundante la necesidad, y tan escaso lo necesario. cuando camino por la calle veo esa imagen típica de gente apresurándose a ir a algún sitio, gente que pasea, gente apresurándose a irse de algún sitio. son los tres tipos de viandantes. una vez un conferenciante redujo los miedos de la humanidad a dos básicos, de los que se derivaban los demás: miedo a ser perseguido y miedo a ser abandonado. en la literatura de terror la forma en la que se presentan es, el primero, con la leyenda del doppelganger (el doble) y, el segundo, con la del enterrado vivo. en la taxonomía del viandante, es difícil dilucidar quién responde al miedo de ser enterrado vivo, y quién al de tener un doble que suplante su vida. quién es el perseguido o quién el abandonado. en realidad, creo que en la calle todos estamos en el mismo punto… el abandono nos persigue, la persecución nos ha abandonado. al final, puede que lo único que podamos hacer sea pasear, olvidarnos de los destinos y de los orígenes. por eso tengo tantas ganas de reírme a carcajada limpia. creo que en la risa uno pierde conciencia de su temporalidad, de que tenemos un pasado y un futuro.

en otoño parece que a la gente le cuesta un poco reír. ayer, cuando me senté en aquel banco de noche, en plena lluvia, con los pies hundido en la hojarasca, y casi feliz, intenté reír, pero no pude. para eso me hace falta alguien. al menos no tengo miedo, no me siento ni abandonado ni perseguido. solamente paseo. es lo que hago. y escribo. escribir es un acto, es ofrecerse a ser leído, interpretado, comprendido, condenado pero… ¿y qué si no me salvo? 

Nuevo.

sorprendentemente, la vistas desde donde estaba yo hace una semana no se parecían en nada a las que se tienen cuando uno lo ve desde ese otro lado en el que nos instalamos todos al mirar la imagen del televisor.

delante de unas cervezas a medias, una noche que también estaba a medias, en medio de una conversación, no sé cuándo exactamente, hace días, quizás alguna semana. mi amigo me dice que tener un hijo te cambia la vida. yo como siempre reacciono con ese punto de desmedida que a veces me caracteriza… como si nunca pudiesen usarse los tópicos, los típicos lugares comunes. ese punto de exagerada veracidad que a veces los demás de mi desean, o no desean.

 

- pues yo no sé si te cambia la vida ¿por qué te la tiene que cambiar? ¿qué significa cambiar la vida? ¿que se diferencia el tener un hijo de fumarse un cigarro? ahora me estoy encendiendo este cigarro y también me cambia la vida este acontecimiento.

- vamos hombre, ya sabes a los que me refiero. a partir de ahora tendrás que hacerte cargo de responsabilidades que antes no tenías que asumir. a partir de ahora hay alguien que depende de tí.

- bueno. pero no es un cambio necesario. es una responsabilidad que puedo aceptar o no. es una dependencia que puedo asumir o no. sigo sin ver la conexión con el cambio de vida.

- no sé, creo que te estás poniendo a la defensiva, cuando lo que trataba de decirte es lo bonito que es eso.

- no, no me estoy poniendo a la defensiva. sólamente creía que estabamos hablando en serio. ahora bien, si estabamos hablando por hablar entonces sí, te cambia la vida, en el futbol no hay rival pequeño y de todo el mundo se aprende…

- venga hombre, lo que te pasa es que crees que lo del niño te va quitar libertad, tu argumento se reduce a: ‘eh, eso no es cierto, yo sigo siendo libre, si me responsabilizo de ello es porque lo decido libremente’. quieres creer que sigues siendo libre, nada más, aunque ya no lo seas tanto.

- mira, pues no. el caso es que, hasta ahora, la gente que me ha dicho eso de ‘te cambia la vida’ se divide en dos grupos: los que están en tu situación, tio sin pareja, que va por libre y por tanto la idea de tener prole ahora les daría un ataque de pánico, y los que se han metido en el tema de la familia como autómatas, y quieren meterme en su club. no, en realidad eres tú quien cree que se pierde libertad.

- ¿y tú no lo ves así?

- pues verás, por eso te preguntaba si estabamos hablando en serio. claro que si asumo la imagen que se tiene de ello voy a pensar así. y cuando empleo la palabra ‘asumo’ me refiero a aceptar esa descripción como una descripción de la realidad. pero lo mismo se me dijo cuando me casé. lo mismo se me dijo cuando acepté un trabajo estable. cuando me marché de casa de mis padres. y sin embargo…

- … sin embargo contigo no fue así, tu eres especial.

- ¡no! no lo soy. soy como cualquier otro, y eso es justamente lo que quiero decir. o, si quieres decirlo de otro modo: todos somos especiales.

- cuando dices que todo el mundo es especial es como si dijeses que nadie lo es, anulas el significado de la palabra ‘especial’.

- tienes razón, salvo por un detalle. yo me refería a ser especial respecto a la norma o la imagen o la fantasía de que tener un hijo te cambia la vida. si quieres, en lugar de ‘especial’ podríamos decir ‘anormal’. nadie se ajusta a la norma, a la fantasía, o a la imagen.

- nadie es perfecto.

- ahí es donde está la trampa. porque inferir que no ajustarse a la imagen es no ser perfecto requiere que pienses que la imagen o la norma es perfecta.

- ¿y tu no lo crees?

- la cuestión no es esa. la cuestión es que yo no sé si a mí me cambiará la vida. no lo sé precisamente porque siento esa distancia entre lo que significa es frase y la cantidad de cosas que deben suceder para que, efectivamente, algún día yo pueda decir que me ha cambiado la vida ser padre. algún día en el que yo pueda hacer la recapitulación e imaginar lo que podría haber sido y no he sido, lo que he llegado a ser. pero el ser padre es una de tantas cosas que llegan a afectar a la historia personal de uno. y hay algo más, siempre me ocurre que al reflexionar sobre las limitaciones de las que soy objeto puedo vislumbrar el campo que hay al otro lado del cercado. es un sentimiento muy parecido al que se tiene cuando uno anda por la repisa de un montaña, contempla el vacío e imagina su propia caída. el abismo parece que te llama. lo más serio que puedo decir al respecto es que estoy en la más absoluta ignoracia de lo que significa el ser padre.

la conversación fue más o menos esta.  al final las cervezas terminaron, la noche también.

hace casi un año yo estaba en el hospital. mi padre me había llamado la noche anterior. mi tio se había puesto muy enfermo de repente, lo habían ingresado. noventa años, el pronóstico no era nada optimista. mi padre me instó a que me apresurase en verlo, podría ser la última oportunidad que tendría de hacerlo. marche temprando al hospital para ser verano. no sé, serían algo así como las diez de la mañana. nunca he soportado los hospitales pero, conforme voy cogiendo años, la sensación de rechazo se ha ido suavizando. entré en la habitación, compartida con otro enfermo. estaba atestada de familiares de ambos. mi tio no reaccionaba. le habían fallado los riñones y el hígado. los médicos decían que, sencillamente, el cuerpo le estaba dejando de funcionar. nunca lo habían ingresado. trabajó duro hasta los setenta. nunca bebía agua, decía que oxidaba las cañerías, salud de hierro, aparentaba ahora setenta. le besé la frente, le cogí la mano, no sabía muy bien que hacer; él, aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. en un estado de seminconsciencia provocada por la morfina y el dolor recorría con la mirada el techo de la habtación. le solté la mano, dejé que otros familiares se acercaran. yo me quede a los pies de la cama, mirandolo de frente. repentinamente dio un respingo que hizo que su toraz se arquease. la gente se sobresaltó, hubieron lamentos. los familiares del otro paciente y el propio paciente salieron de la habitación. yo no apartaba los ojos del rostro de mi tio. quería verlo. quería mirarlo. a los pocos instantes comenzaron a oirse los estertores. ahora sé lo que es un estertor. pasaron dos minutos quizás antes de que muriese. es la única vez que he visto morir a alguien. a mi alrededor lloros, quejidos, palabras a media voz, abrazos. yo seguía mirandolo. no podía apartar los ojos de él. sentía que estaba formando parte de algo que supera cualquier descripción, algo que hace enmudecer porque es una realidad absoluta. muerte. silencio.

como decía al comienzo, la vistas desde donde estaba yo no se parecían en nada a las que se tienen cuando uno lo ve desde ese otro lado en el que nos instalamos todos al mirar la imagen del televisor. de pie junto a la cabecera de la camilla, acariciaba el pelo de mi mujer y le daba ánimos, haciendo esfuerzos por colaborar, mientras ella hacía los auténticos esfuerzos. solamente alcancé a ver una cabecita manchada de sangre. con rápido movimento el médico sacó al niño y lo tendió sobre el vientre de mi mujer. el niño nos saludó con un berrido y los brazos abiertos, como si nos quisiese dar un susto. rápidamente se lo llevaron a otro lado de la estancia para lavarlo y pesarlo.

- ¿quieres venir? – me preguntó la pediatra.

me acerqué tímidamente y algo desorientado. se había calmado, estaba en silencio, con los ojos abiertos. me miró. me mantuvo la mirada por unos breves momentos antes de cerrar los ojos. ýo no podía apartar la mirada de ese pequeño rostro. otra vez algo de lo que no se puede decir nada. una realidad absoluta. vida. desde hace una semana no me he separado de él. una especie de embrujo del que no soy la única víctima hace que no pueda pasar mucho tiempo sin verlo. silencio.

 

A mi hijo. 

Un nuevo comienzo es la continuación de lo reprimido

Un nuevo comienzo es la continuación de lo reprimido. He decidido instalar en esta plataforma mi blog, tras haber tenido una especie de discusión sobre qué es arte y qué no lo es con Microsoft. Bueno, no importa. No voy aquí a explicar los pormenores de la anécdota. Baste decir que  tras ella se me quedó la sensación de no estar en mi casa sino de estar en Spaces como de inquilino molesto (aunque no quiero engañar, el número de visitas que recibo son insignificantes), por eso molestado sería un expresión más acertada. En fin, este será de momento mi nuevo hogar. Con el tiempo iré trasladando los materiales que allí están alojados. De todos modos, me gustaría aprovechar la ocasión para poder renovar algunos planteamientos. Estais invitados e invitadas. Bienvenidos y bienvenidas.