I´m making art.
I´m making art.
I´m making art.
I´m making art.
esta frase era lo que se podía escuchar cuando atravesamos Mayte y yo una de las galerías del MOMUK en Viena. la planta estaba dedicada al arte vienés de la segunda mitad del siglo XX. arte contemporaneo de vanguardia, así lo llaman.
I´m making art.
I´m making art.
I´m making art.
I´m making art.
la voz que decía esta frase era intencionadamente maquinal. monótona. bueno, decidimos sin mediar palabra alguna acercarnos al origen de esa cantinela. era una sala oscura de unos nueve metros cuadrados. lo justo para que cupiese una pantalla en la que se estaba proyectando la imagen en blanco y negro de un señor de pie sobre un fondo blanco, vestido con unos vaqueros y una raida camiseta, barbudo, de cabellos desaliñados. la imagen no era de muy buena calidad. pudimos comprobar que la grabacion era del 75 (creo recordar). cada vez que este hombre pronunciaba la frase I´m making art cambiaba la posición de sus brazos, se podía observar que el cambio llevaba a una posición distinta a las anteriores, consiguiendo de esa manera que cada acción, fruto de su voluntad, fuese única, fugaz, absolutamente personal y original, I´m making art. el video duraba dieciocho minutos, bueno, eso decía el cartel, no nos quedamos a comprobarlo, el concepto quedó claro tras seis cambios de postura y, la verdad, la sensación que nos producía tampoco era de esas que “no quieres que se acabe nunca” pero I´m making art. por lo que pudimos deducir mientras visitabamos el resto de las salas de esa planta, el museo repetía la proyección en plan moviola. la frase de marras nos estuvo acompañando como si de un slogan perverso se tratase. he de reconocer que yo soy muy sugestionable a estas cosas, así que mayte me tuvo que soportar el resto del día repitiendo
I´m making art
I´m making art
I´m making art
cuando hago una de estas visitas a ciudades de europa para contemplar el arte que allí tienen suelen abordarme los siguientes pensamientos. el arte tuvo durante tanto tiempo una dimensión religiosa, o mística si prefieres decirlo así; una forma de hacer accesible de algún modo la dimensión espiritual, dicho de este modo parece que creo que la hay. no sé si la hay. no lo sé. lo que sí que hubo en su momento fue toda una dimensión de lo sagrado, con su historia sagrada, sus objetos sagrados… como dice Eliade, un conjunto de cosas que tenían más peso real que lo profano. el arte, entonces, la manera de darle consistencia, presencia, decibilidad a lo sagrado, lo que ahora recibiría el nombre de lo verdaderamente importante. por lo tanto el arte era el instrumento principal para educar a la gente en una ideología, creando, a partir de representaciones de lo sagrado, modelos fijos de pensar y vivir lo sagrado. la norma de lo sagrado, de lo verdaderamente importante.
cuando el arte empezó su camino de independencia de lo sagrado hasta alcanzar su autonomía, esta autonomía fue por etapas. primero se hizo autónomo de la religión, después se hizo autónomo de la ciencia y por último se hizo autónomo de sí mismo. hay muchas maneras de nombrar a aquel estado en el que algo se escinde de sí mismo de tal manera que en tal desdoble llega al punto de no poder reconocerse a sí mismo, a mí a veces me gusta llamarlo estado esquizoide. cuando Duchaump puso su firma en una taza de retrete y lo llamó obra de arte, no sólo realizó un acto de rebeldía cotra los museos, contra los historiadores de arte y los críticos de arte. no solamente destrozó los límites entre el objeto ordinario y la obra de arte, poniendo de manifiesto que no se trata de cumplir con unos criterios sociales (o culturales) sino de que también se trata de una cuestión de voluntad, la voluntad de quien firmando quiere transformar esto en arte y la voluntad de quién quiere ver esto como arte. en fin, hizo patente lo que es uno de los angustiosos descubrimientos del siglo veinte: parece que nada es, necesariamente, sagrado (o verdaderamente importante, o que la elección nos compromete de tal forma que no tenemos lugar del que refugiarnos de nuestra responsabilidad).
Que el sistema (sea lo que sea eso, y al decir esto no estoy siendo vago) haya absorbido el acto realizado por Duchaump y ahora tengamos un vater expuesto en un museo es secundario. lo grave es que, como me sucedió a mí mismo en el mismo museo de Viena antes mencionado, vayas a sentarte en un sillón de una sala de exposiciones y venga a tí un vigilante enfadado, señalandote una linea blanca que rodea el suelo entorno al sillón, mostrándote que te acabas de sentar en una obra de arte. os lo juro, era un simple silloncito de cuero negro, pero luego me di cuenta que tenía en un lateral una frase que decía algo así como “depende de tí” en inglés, pintada con tipex. alguien dirá que la obra de arte no es el sillón, sino precisamente el suceso que os acabo de contar o, mejor dicho, la posibilidad que abre ese sillón en esas circunstancias. vale, está bien, lo acepto.
de alguna manera, este ejército de obras de arte no pasará a la historia. y qué, se me podría decir. eso digo yo, y qué. en otro museo, el palacio Belvedere, seguimos en Viena, había una planta dedicada al arte del siglo XIX y principios del XX. En una de las salas, montones de pinturas con naturalezas muertas y paisajes. aburridas, mudas, tan importantes como lo será un pequeño sillón de cuero negro con una frasecilla ingeniosa en el siglo XXIV. mayte y yo pasamos al lado de ellas casi sin mirarlas. en otro museo, el Leopold, Acimbolo, con sus rostros hechos a base de componer naturalezas muertas, lo mismo. estos cuadros sólamente tienen interés para que los que viven de la academia tenga material para sus diatribas estériles. pero de repente, en el Leopold, Rembrandt. tres autorretratos. en el más tardio, su mujer y su hijo ya habían muerto, prematuramente, su existencia se había convertido en un infierno, en los otros dos autorretratos mira de frente, te mira a los ojos, con el rostro razonablemente iluminado, razonablemente feliz. en el más tardío, hecho al final de sus días, el rostro está en penumbra, a penas se le entreven sus rasgos faciales, como si la vida se los hubiese robado casi por completo. ya no mira de frente, mira a otro lado, como esperando pacientemente la venida de algo, quizás de lo sagrado.
Walter Benjamin habla de eliminar el aura de sagrado en la obra de arte. su idea es la democratización del arte. quitarle ese velo de elitísmo que tiene. estoy absolutamente en sintonía con su sueño. pero se ha confundido reproductibilidad con producción en serie de mercancia. democratización con comercialización. el elitismo de los que lo disfrutan no ha cambiado demasiado, pero ahora ya no se trata de nobleza, ahora se trata de cuenta corriente. cuando hablo de estos temas no puedo evitar mencionar la película Abajo el telón de Tim Robins. una maravilla, si no la habéis visto vedla, por favor. en ella se cuenta a las claras que el arte actual apoyado por la élite, el que sobrevive gracias a su mecenazgo, es ese en el que no se dice nada, puedes ver en él lo que tú quieras ver, y si no ves nada, no importa, disimula, queda bien sobre la cómoda. el otro, el que dice algo, no conviene, porque como quería Van Gogh, el arte debe de hablar de la realidad, no sumir en sueños. la realidad no debe ser dicha. la realidad, si es mencionada, puede hacer crecer la insatisfacción, puede hacer reclamar a la gente. unir. decir que la realidad es como tú quieres que sea es perverso. la realidad no es lo que tú quieres que sea. como decía el otro día Vicente Ferrer, el mundo es lo que es, aquí y ahora. cerrar los ojos y encerrarse en mundos onanistas, sean los que sean, solo sirve para preservar el status quo, es decir, que unos sigan disfrutando de lo que disfrutan a costa de otros que sigan careciendo de lo que les pertence por derecho.
el arte, como siempre, sigue transmitiendo la enseñanza de lo que es sagrado. preguntaos vosotros y vosotras qué es lo que ahora se quiere normalizar como sagrado. es posible que sea tarea de los artistas de ahora, de todos nosotros, volver a desligarse de lo sagrado, para alcanzar a ver lo verdaderamente importante. a lo mejor en la oscuridad, como Rembrandt, mirando a otro lado, aunque una voz machacona nos repita una y otra vez
I´m making art
I´m making art
I´m making art