las nubes flotan en la superficie del cielo como cadáveres de ballenas. grises. y la lluvia llegará pero todavía no. sujeto con mi mano izquierda una frase y se la quiero llevar a alguien que sea capaz de pronunciarla. la frase es mía, me pertenece, pero no puedo decirla yo. tengo que esperar. y espero, pero me muevo. voy moviéndome. viajo. de un lado a otro de la tierra. dejándome distraer por esas cosas que suelen distraer a los hombres. mi mano, sin embargo, sigue asiendo la frase. noche tras noche los sueños me dicen cosas, cosas que al despertar no recuerdo. son imágenes, son poemas visuales, de esos que te dejan el sabor, pero no te dejan nada más. voy cometiendo error tras error, acierto tras error, acierto tras acierto. voy produciendo una biografía que se va asemejando cada vez más a la de cualquiera, es decir, también a la de mi padre. un día regreso a casa de mis padres, y mi padre está viejo, vulnerable, y yo ahora soy el padre, el padre que recuerdo cuando recuerdo a mi padre. cuando me acerco a él me agarra del brazo izquierdo, noto sus gruesos dedos apretando mi brazo, me dice:
- ¿Tú te das cuenta de que esa frase no la sueltas nunca?
le contesto,
- Papá, ya ni me acuerdo de ella.
- Pues que no se te olvide hijo, que no se te olvide.
que no se me olvide. así salgo a la calle. preguntándome en qué consiste deber hacer algo, en qué se fundamenta, dónde está la obligación. no hay obligación. me subo al coche. conduzco. voy buscando algo que hacer, pero el qué hacer está escondido detrás de tantas cosas inútiles. opto por lo inútil. opto por hacer algo.
- Cuánto tiempo sin pasarte por aquí, – me dice la de los cines.
- Sí.
- ¿Aún vas con esa frase en la mano izquierda?
- Sí ¿qué pone?
- Ya intenté leerla, ¿no te acuerdas?
- Sí, pero no sé, la gente cambia ¿no?
- ¿Tú crees?
- Tengo fe en ello.
- Siento poner a prueba esa fe ¿qué película quieres ver?
- ¿Me aconsejas alguna?
- Ve a ver esta.
entro en la que me aconseja. salgo a la hora y tres cuartos. miro al cielo, por ahí siguen las ballenas muertas. la pelicula me ha gustado: los optimistas se llama. una cinta muy apropiada para la ocasión. me siento exactamente igual de optimísta que los personajes que vagan por la película. un mensaje en el móvil.
Estoy en el cafenet ¿vienes?
Claro ¿quién eres? no tengo tu número
Soy quien te va a leer la frase que llevas en la mano izquierda
¿alguien en su sano juicio puede decir que no a esta invitación? a veces pienso que algún día los cadáveres de las ballenas caerán sobre nosotros, así, porque ya toca, y destrozarán los coches. y los parques, y el mobiliario urbano. y reventarán y lo macharán todo de visceras. pero son nubes, no ballenas, y las nubes llueven, ya está, pero no todavía. todavía no llueve. llego hasta el cafenet. está prácticamente vacío. miro a los cuatro gatos y gatas que hay, no reconozco a ninguno. los oigo ronronear y maullarse. me siento un poco perro. me dan ganas de perseguirlos. de ladrarles. de hacer que se suban a las mesas tirando los botellines y los cubatas. que corran por las paredes. no lo hago, por supuesto. me limito a sentarme en la barra y esperar.
- Hola, ponme un ron-cola.
- En seguida.
- Oye ¿alguien ha preguntado por mi?
- ¿Quién eres?
- Esa es una buena pregunta… ¿Quién soy, narrador?
- Eres una especie de Yo.
- Bueno, si soy una especie de tú entonces tendrás que ponerme nombre ¿cómo te llamas?
- No, el mío no. Espera… te llamas… Pedro.
- Pues me llamo Pedro.
- Nadie ha preguntado por tí, Pedro, aquí tienes tu ron-cola.
pasan tres cubatas y seis cigarros. eso es bastante tiempo. estoy pensando ya en irme. pero mi frase, me ha dicho que la leería. hago lo posible por permanecer más tiempo. pero el lugar ya está repleto de gatos. y yo ya no soy un perro, soy un puto lobo. trato de distraerme con la publicidad que tienen sobre la barra. entonces veo algo que llama mi atención:
Espectáculo de Magia. Día 27 de Octubre. A las 00:00. En Sala Wah Wah. Actua: Sirene.
esto es de esas cosas que si uno pasa por alto en un momento así es que le gusta perder el tiempo. decido ir, claro, como ya sabéis, no me gusta perderlo. cuando entro en la sala el espectáculo ya ha comenzado. me siento, cómo no, en la barra.
- Un ron-cola, por favor.
la mujer que hay sobre el escenario, con un traje negro de luces, acaba de sacar a alguien del público…
Está bien, escoge una carta
¿Ésta? ¿Estás seguro?
Muy bien, pues ahora la introducimos en el mazo, así, métela bien, yo no estoy mirando. Vale, pues barajamos, barajamos bien… ahora toma, corta por donde quieras.
Así, bien. Entonces ahora es cuando te digo que la tienes en el bolsillo ¡pero no! ¿a que no?, claro, en el bolsillo tienes un chicle, un mechero y una tarjeta de la peluquería
¿No tienes eso? ¡Vaya! ¿pero a que te hubieses quedado de piedra si lo hubiese adivinado?
Bueno, igual la tengo yo en el bolsillo ¿Puedes meterme la mano? Chsss, con cuidado, que tu mujer está entre el público, para eso nene después de la función ¿no es tu mujer? Chica, toma nota, te niega por la primera que le pide que le meta la mano.
Bueno qué ¿encuentras algo? ¡Pero bueno! ¡un mechero, un chicle y la tarjeta de la peluquería! Ya decía yo que en algún bolsillo estaban. Vale, prueba en el otro, lo siento nena, una tiene que aprovechar las ocasiones, en eso pienso como tu chico.
Ah ¿era esa carta? ¿no? A ver a ver ¿Puedes venir tú, cariño? Luego le das el guantazo, pero mira a ver si tú le encuentras la carta en el bolsillo. Sí sí, el mismo de antes, claro. Bueno, bueno, mi mechero, el chicle, la tarjeta de la peluquería ¡y una carta! ¿es esta carta? Voliá.
Esto prueba, señoras y señores, que… no sé lo que prueba ¡saquen sus conclusiones! ¡gracias a los dos! ¡Podéis sentaros! ¡Un aplauso!
el espectáculo continuó media hora más. cuando terminó, Sirene se marchó entre una modesta ovación, y despareció tras una puerta de color rojo. la gente continuó la charla donde la había dejado. yo decidí ir a su encuentro, estaba seguro de que era importante hablar con ella, incluso llegué a pensar durante el espectáculo que había sido ella la que me había mandado el sms. por eso estoy ahora aquí tirado en el suelo de un oscuro callejón y con las gafas rotas. con la mejilla derecha tocando el frio y húmedo suelo, comienzo a sentir cómo unas gotas empiezan a resbalarme por la mejilla izquierda ¿estoy llorando, narrador?
- No Pedro, sólamente llueve.
ja, solamente llueve, lo dices como si fuese un consuelo, o un hecho de menor importancia que llorar. oigo el sonido de unos tacones acercándose a mí.
- ¿Por qué has hecho eso?
- ¿El qué?
- Mira como estás ¿te duele?
- ¿El qué?
es Sirene.
- Sirene ¿sabes hacer desaparecer el dolor?
- Soy ilusionista, no maga.
- Sirene ¿sabes hacer desaparecer el dolor?
- Ven conmigo.
me ayuda a levantarme. me dice que no debería de haberle insistido al chico de la puerta roja que tenía que entrar. me dice que tampoco debería de haberle pegado un puñetazo. pero, y qué debería haber hecho. hay veces que uno tiene que poner toda la carne en el asador.
- Ven, entremos aquí, está lloviendo demasiado.
el sitio está bien, bueno para una historia de un tipo que tiene una frase asida en su mano izquierda y que quiere que alguien se la diga. luces ténues y rojas, carteles de películas antiguas y grupos de música olvidados, mesas camilla con tapetes de punto y una vela encendida en cada mesa.
- Un ron-cola por favor ¿tú qué quieres, Sirene?
- Bien, quiero que no bebas más.
- Uno no siempre consigue lo que quiere ¿nos pones dos, por favor?
- Bueno ¿y por qué querías verme?
- ¿Me has mandado un sms a mi móvil?
- Si no sé ni cómo te llamas, cómo voy a mandarte un sms.
- ¿Cómo me llamaba, narrador?
- Te llamabas Pedro.
- Pues me llamo Pedro.
- Bien, Pedro ¿y que te decía en mi sms?
- Que podías decirme qué frase tengo en mi mano izquierda.
- Es verdad, puedo hacerlo, déjame verla.
me coje de la mano y me ayuda a abrir la palma, cuesta, lleva tanto cerrada. se queda un rato mirándola, absorta, concentrada, como quien lee atentamente el menú del restaurante para elegir plato. después levanta la mirada hasta cruzarse con la mía. tiene los ojos grandes, escrutadores, su mirada es un misterio pero que preconiza poder, es como la mirada de la Esfinge o de la Monalisa. Sirene sonríe y dice:
- La frase dice:
La realidad comienza en los sueños.
Rosabel dijo:
27 Octubre 2009 a 23:50
Me ha gustado mucho. Me ha enganchado desde el principio y me ha tenido absorbida hasta el final, conforme iba avanzando me producia una inmersión en la historia hasta llegar a la parte final que ha sido apoteósico.
erratico metodo dijo:
28 Octubre 2009 a 16:13
me alegro de que te haya gustado.