Cuento: la presa

cuando el sol luce las esquinas brillan como cantos afilados. uno no puede sencillamente apoyarse en ellas y ver qué cosas pasan. las cosas te arrastran, caminando con esa prisa que se tiene cuando se anda a ciegas. se trata de intentar buscar otro lugar. un lugar en el que no parezca que esperas algo. no se debería elegir el trabajo tan a la ligera.

tomas unas cuantas decisiones. en esencia una. la tomas determinado por algún motivo. claro, también están las otras. pero esas no cuentan. aquellas que sigues sin motivo alguno son mucho más fáciles de asumir. las decisiones que se toman por cuestión de azar llevan a consecuencias con el dulce regusto de no ser tú el responsable de ellas. el azar. los dioses. los demás. pero no es lo mismo que estas decisiones. las que un día tomaste porque juzgaste, sea por la razón que sea, son como todas, origen de tu presente. pero en ese origen has participado. solo que tu yo presente no es capaz de entender que el vínculo. es decir. es como que no te reconoces a tí mismo, el tí mismo que eres, en el tí mísmo que eligió aquel día.

de hecho, la única manera de hacerte cargo, de asumir con sumisión, que lo que haces ahora es producto de tí mismo es gracias a la memoria.

creo que me gustaría tener mala memoria. hoy, al menos, que luce el sol sí. hoy me gustaría mirarme a mí mismo aquí, esperando al sol, a que aparezca mi presa, y que me sucediese lo mismo que al personaje de “Memento”, no recordar qué he venido ha hacer aquí. mirarme, mirarlo todo. no reconocerlo, no reconocerme. recrear mi relación con el instante presente. porque sí, hace sol. las cosas pasean con sus bolsas, sus bolsos, sus carteras. cargando compras, documentos y más cosas. cosas cargando cosas. moviendose de un lugar a otro como llevadas por cintas trasportadoras invisibles. yo quiero mirarlas y, desmemoriado, aceptar la evidencia de que no son cosas sino personas. aceptar la evidencia de que, en realidad, no hay cintas transportadoras. agitar los brazos. llamar la atención. soy un naufrago. rescatadme. estoy solo. y luce el sol. y debemos calentarnos en él. y tocarnos. acercarnos.

pero recuerdo muy bien qué he venido a hacer aquí. esa es la realidad. ésta al menos. y como así están las cosas dispuestas me tomo un respiro. la presa aún tardará. entro en un bar.

 las cosas hablan. quiero decir, las cosas que pueden hacerlo lo hacen. en la mesa de al lado. en aquella de enfrente. la que está detrás de mí. las cosas hablan. yo saco mi libreta. me pongo a escribir. por un momento levanto la mirada y ésta cae justo sobre la de otra. un mirada en la barra. las cosas no suelen mirar. al menos no a mí. no creo que sea algo que uno deba dejar correr así como así. eso es lo que pienso mientras vuelo a mi tarea y lo dejo correr así como así. seguro que piensan que soy escritor o algo parecido. aquí solo en un bar. con mi libreta. escribiendo. no. yo también soy una cosa. estoy trabajando. las cosas de mi derecha bromenan entre sí. oigo la expresión “vestido de cola”. qué más me da. al menos me da igual en el instante en el que lo oigo. para mi sorpresa la presa entra en el bar y se sienta en la mesa del vestido de cola y del viaje. de lo que hicimos este fin de semana. de lo que nos gastaremos y nos gastamos. de que estoy ocupada y de los zapatos que me hacen daño.

la boda está siendo muy difícil de organizar.  

me levanto con prisas. no es conveniente que uno permanezca tan cerca de su presa. las cosas creen que no se dan cuenta de las cosas. pero eso no es verdad. todos nos damos cuenta de todo. otra cosa es que lo valoremos en su justa medida. a eso se le llama distracción. yo nunca he sido alguien distraido. ahora que lo pienso, la distracción y el olvido son mis objetos de deseo. pero me dan tanto miedo. sí, creo que es miedo. miedo a deshacerme en el seno de la distracción, a desaparecer en la profundidad del olvido.

al acercarme a la barra para pagar, la mirada vuelve a hacer acto de presencia.

          - Hola.

          - Hola.

          - ¿Eres escritor?

          - No, soy detective.

          - Ah, eres escritor frustrado.

          - Hay más escritores que son detectives frustrados que lo contrario.

          - Y qué, ¿tomándote un descanso?

si hay algún consejo paterno que nunca he olvidado es aquel que decía: “quien mucho quiera saber, mentiras con él”.

          - Sí, así es.

          - Bien ¿puedo ser yo parte de ese descanso?

una mirada como esa nunca es garantía de descanso. pero siempre será un promesa de vida, y yo necesito altas dosis de eso. y yo no me estoy tomando un descanso.

          - Claro.

 

(Continuará…)

 

 

 

2 comentarios para “Cuento: la presa”

  1. ma Dice:

    Me alegro que los asuntos de la corte no hayan ahogado al genio. No olvides a lo que has venido.

  2. erratico metodo Dice:

    los asuntos de la corte…
    parece que todo eso llegará pronto a su fin.

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