Humilde y modesto comentario sobre “Aborto libre y progresismo” de Miguel Delibes.

(Esta entrada es un comentario mío a un artículo de opinión que salió en el ABC, escrito por Miguel Delibes. El artículo lo podéis encontrar en el vínculo de referencia que veréis al final.)

No deseo extenderme demasiado en este asunto, así que iré al grano. Expondré la argumentación de Delibes en los puntos que deseo resaltar y los comentaré:

1. Un grupo de personas se manifiestan a favor del aborto y esto significa que:

 

a)          Exigir un derecho es aceptar una acción que éste ampara como moralmente buena.

b)          Estar a favor del derecho a abortar es querer abortar.

 

Sobre el apartado a., el derecho no puede entenderse como un acto, un hecho consumado, sino como, podría decirse así, un espacio abierto que limita lo que es posible hacer de lo que no es posible hacer. Una sociedad en la que hay determinados derechos, es decir, en la que ciertos grupos o individuos pueden hacer determinadas cosas no es una sociedad más o menos buena. ¿Qué diríamos de una sociedad en la que la gente tiene derecho a mentir pero en la que nadie miente? ¿O una sociedad en la que se tiene derecho a la venganza pero en la que todo el mundo opta por perdonar? Cabe imaginar una comunidad de seres humanos en la que se contemple la legitimidad de hacer algo pero que sus integrantes decidan no hacerlo porque no les parece bueno, precismente por el mecanismo inverso aparecen nuevos derechos. 

Y por lo que respecta al apartado b., es absolutamente concebible el que alguien defienda el derecho al aborto pero que esa misma persona no desee hacerlo sino que, más bien, pensando en que no se trata siempre del individuo sino del grupo (mejor dicho, no siempre se trata de mi felicidad sino también de la de los otros), apueste por defender un derecho que en un momento dado puede significar la diferencia entre un mundo mejor o uno peor. ¿Habría que eliminar el derecho a la libertad de culto en una sociedad en la que no hay más que un solo culto? ¿Habría que acabar con el derecho a la sanidad en una sociedad en la que nadie enfermase?

El planteamiento de que la discusión sobre el establecimiento de un derecho es la discusión sobre el establecimiento de una moral (quiero decir, ojalá fuese así, ojalá que el derecho a la búsqueda de la felicidad de la Declaración de Independencia de los E.E.U.U. implicase algo más –o algo distinto- que el tener la opción de buscarla) es erroneo. La moral es el deber hacia uno mismo, el derecho es la posibilidad de no hacer caso a ese deber. Por así decirlo, y haciendo referencia a la referencia que hace Delibes, significa que el derecho es el reconocimiento de que no somos santos, no somos bestias, sino humanos.

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2. El óvulo fecundado es algo vivo por lo tanto es un proyecto de ser y esto significa que:

 

a)       En un futuro se convertirá en una persona.

b)       Como tal persona será portadora de derechos y deberes.

c)       El aborto es interrumpir ese proceso, por lo tanto, es negar la opción de reclamar tales derechos.

 

Para empezar se hace un flaco favor a la defensa de la vida cuando se la fundamenta en algo que puede llegar a ser. ¿Quiere decir que si la mujer supiese con certeza que tal proyecto no se va a dar podría ‘interrumpir la vida’? entonces estamos discutiendo la legitimidad de matar o no matar basándonos en la ignorancia de quien toma la decisión. ¿Dónde ponemos la linea de lo que es “convertirse en un ser”? ¿En la frontera natural de nacimiento? ¿en concepciones filosóficas? ¿en concepciones religiosas? ¿en lo que la ciencia vaya descubriendo? ¿por qué no identificar ‘vida’ y ‘ser’? ¿no sería así más sencillo? La razón de que Delibes no haga esta identificación es que si la hiciese estaría entrando en el terreno resbaladizo de indetificar una célula con una persona. De ahí que, según a., identifique proyecto de ser con proyecto de persona; no es difícil afirmar que el cigoto es una vida y eso sigfica que es un ser, pero resulta retorcer mucho el concepto de persona decir que lo es un organismo de unas centenas de células. Evidentemente, si a. es cierto entonces b. también lo es y de ahí se sigue c.; pero se incurre en un argumento falaz porque se establece que la acción en el presente de no interrumpir una vida (por cierto que nunca he entendido la diferencia que hay entre esta expresión y la palabra ‘matar’, supongo que es una diferencia ideológica) es la causa necesaria para que ese ser vivo llegue a ser una persona. Es decir, la falacia está en decir que matar un pequeño organismo es negarle los derechos a una persona. Para verlo claro, imaginemos una mujer que está embarazada de un mes y un ser omnisapiente le dice que su hijo caerá en coma un mes antes de nacer (más o menos cuando ya empieza a soñar) y así seguirá el resto de su existencia ¿sería moralmente encomiable el que esta mujer matara al embrión? Pienso que alguien antiabortista y coherente debería negarse a hacerlo, porque el acto seguiría siendo la interrupción de una vida. Sin embargo, según Delibes parece que estaría justificada moralmente acabar con ella.

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3. La libertad es algo que el embrión tiene, solo que no posee la voz que le permita reivindicarla.

 

Primeramente vale la pena señalar que Delibes no parece decidirse entre la opción de que la libertad del embrión forma parte de esa serie de potencialidades entre las que se cuenta también sus derechos y deberes o si, por otra parte, resulta ser un atributo que ya posee de facto pero que no tiene la voz para reclamarla. La primera acepción es ciertamente muy confusa, porque un ser vivo o es libre o no lo es y entrariamos entonces en el argumento falaz del punto 2. En la segunda acepción, más relevante en la argumentación de Delibes, parece que se intenta decir que, como la libertad existe como potencia (aristotélicamente hablando, imagino), ha de ser tenida en cuenta en tanto que posibilidad negada en el presente pero con la posibilidad de ser afirmada con “una voz” en el futuro. Si se ‘interrumpe la vida’ se está acallando tal voz. Pero, siguiendo esta argumentación, no solamente se incurriría en injusticia en los casos en los que se aborta, sino también en los que no se aborta, ya que podría darse el caso que este ser en potencia, en un futuro, se suicide con el sentimiento de que desearía no haber nacido. El permitir que el proceso de la vida continue o el no permitirlo puede ser una decisión de un ser humano (por lo tanto libre), sea sobre la vida de uno mismo o sobre la vida de otro, pero durante todo el proceso en el que el embrión pasa a ser feto, de ahí a ser bebe, y de ahí a crecer hasta ser persona, no se da la libertad de existir hasta que esa vida tiene de hecho el rango de persona y por lo tanto es capaz de decidir seguir vivo o no. Así que no se puede sostener el argumento de que no interrumpir la vida es preservar la libertad del embrión, más bien es dejar que, en lugar de estar sometido a la decisión de la madre, estará sometido al transcurrir de la naturaleza, en cualquiera de los dos casos no hay libertad alguna.

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4. “El derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos”.

 

El empleo de la palabra derecho aquí es harto confuso. ¿Quiere decir que es posible tener la opción de no poseer un cuerpo? ¿quiere decir que el embrión tiene derecho a decir ‘no’ a tener un cuerpo? Por supuesto aquí se está presuponiendo que hay algo que antecede o es diferente al cuerpo. Si es sólo de un cuerpo que podemos decir que está vivo o muerto ¿qué importancia tiene entonces para eso que antecede o es diferente al cuerpo poseer uno? Si yo digo que tengo derecho a opinar, o derecho a trabajar, o derecho a que me respeten, estoy reclamando algo como de mi propiedad, pero no me reclamo a mí mismo. Con todo, si la ciencia acabase por descubrir cuales son las bases neurobiológicas de eso a lo que llamamos consciencia, es decir, si se demostrase la identidad entre el cuerpo y el alma, ¿prescribiría entonces la ley moral que impide acabar con una vida porque ya no sería una cuestión de derecho?

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5. El esquema del ideario progresista es: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Por lo tanto:

 

a) Se entra en contradicción cuando se defiende al débil y a lo no violencia y, por otro parte, se apoya el acabar con la vida de un embrión.

b) Un verdadero progresista será aquel que esté en contra del derecho al aborto.

 

Sencillamente disparatada la afirmación 5, y digo disparatada porque resulta que lo que se afirma es que éste es el esquema del progresismo. Si ésta fuese su esencia, entonces alguien progresista no se diferenciaría en absoluto de, por ejemplo, un cristiano. Y con esto no quiero decir que no haya cristianos progresistas, pero si es necesario añadir el epíteto “progresista” es porque hay cristianos que no lo son, y, por lo tanto, progresista ha de ser otra cosa. Parece que Delibes, cuando ha pensado en progresistas, ha pensado en el movimiento hippie. Si se tuviese que hacer un esquema de lo que significa la palabra progresista seguramente habría que atender al sutil factor de lo que quiere decir progresar. De repente uno deja de ver la conexión necesaria entre este concepto y el apoyar al débil, el pacifismo y la no violencia. Progresar es, de algún modo, negar la posición en la que uno estaba anteriormente (espacial, temporal, moral, ideológica, filosófica, religiosa) afirmando una nueva en pos de cierto avance, cualitativo o cauntitativo. El progresismo parece ser entonces una perspectiva política que cree que el estado actual de cosas puede mejorarse. Quien no es progresista piensa, básicamente, que las cosas están bien como están, es más, algunos anti-progresistas hasta dirían que cualquier cambio solo conduce a una situación peor (caos, inseguridad, degradación moral etc, etc). Quizás a esto se refiere Miguel Delibes cuando dice que alguien socialmente avazado queda con el culo al aire si se opone al progresismo, es muy difícil para cualquiera defender racionalmente que el mundo actual es el mejor de los mundos posibles, a menos que esté diciendo que a él le va muy bien en la vida y que un cambio significaría perder algo de privilegio.  Si hubiese de pensar en algún ideario esquemático del progresismo me imagino que me inclinaría por aquel que decía que progresar consiste en abandonar la infancia para entrar en la mayoría de edad, dejar atrás la conciencia heterónoma para dar paso a la autónoma. Progresista siginifica no dejarse llevar por la voz de ninguna autoridad que no sea la de la racionalidad, la propia, que es humana y por tanto universal. Significa considerarse, y atreverse a hacerlo, un ser capaz de tomar decisiones que, basadas en la razón, intentan ser las óptimas para cada caso. Pero no solamente esto sino, además, significa considerar, y atreverse a hacerlo, que los otros también son capaces de ello porque, al igual que uno mismo, son seres racionales. En cierto sentido, progresista significa no tener miedo a la libertad, ni a la propia ni a la de los demás. Pero, de suyo, el progresista necesita, para ver cumplido el sueño de la autonomía, un espacio, y ese espacio recibe el nombre de Derecho. Quizás de esta forma, algún día, una sociedad compuesta por personas así acabará siendo verdaderamente una sociedad que apoye al débil, una sociedad más pacífica, menos violenta… pero no por no cometer un delito, no por miedo al castigo, sino porque un mundo así es un mundo mejor.

 

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 http://www.abc.es/hemeroteca/historico-20-12-2007/abc/Opinion/aborto-libre-y-progresismo_1641505572225.html 

 

sobre gustos. sobre arte

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

esta frase era lo que se podía escuchar cuando atravesamos Mayte y yo una de las galerías del MOMUK en Viena. la planta estaba dedicada al arte vienés de la segunda mitad del siglo XX. arte contemporaneo de vanguardia, así lo llaman.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

la voz que decía esta frase era intencionadamente maquinal. monótona. bueno, decidimos sin mediar palabra alguna acercarnos al origen de esa cantinela. era una sala oscura de unos nueve metros cuadrados. lo justo para que cupiese una pantalla en la que se estaba proyectando la imagen en blanco y negro de un señor de pie sobre un fondo blanco, vestido con unos vaqueros y una raida camiseta, barbudo, de cabellos desaliñados. la imagen no era de muy buena calidad. pudimos comprobar que la grabacion era del 75 (creo recordar). cada vez que este hombre pronunciaba la frase I´m making art cambiaba la posición de sus brazos, se podía observar que el cambio llevaba a una posición distinta a las anteriores, consiguiendo de esa manera que cada acción, fruto de su voluntad, fuese única, fugaz, absolutamente personal y original, I´m making art. el video duraba dieciocho minutos, bueno, eso decía el cartel, no nos quedamos a comprobarlo, el concepto quedó claro tras seis cambios de postura y, la verdad, la sensación que nos producía tampoco era de esas que “no quieres que se acabe nunca” pero I´m making art. por lo que pudimos deducir mientras visitabamos el resto de las salas de esa planta, el museo repetía la proyección en plan moviola. la frase de marras nos estuvo acompañando como si de un slogan perverso se tratase. he de reconocer que yo soy muy sugestionable a estas cosas, así que mayte me tuvo que soportar el resto del día repitiendo

I´m making art

I´m making art

I´m making art

cuando hago una de estas visitas a ciudades de europa para contemplar el arte que allí tienen suelen abordarme los siguientes pensamientos. el arte tuvo durante tanto tiempo una dimensión religiosa, o mística si prefieres decirlo así; una forma de hacer accesible de algún modo la dimensión espiritual, dicho de este modo parece que creo que la hay. no sé si la hay. no lo sé. lo que sí que hubo en su momento fue toda una dimensión de lo sagrado, con su historia sagrada, sus objetos sagrados… como dice Eliade, un conjunto de cosas que tenían más peso real que lo profano. el arte, entonces, la manera de darle consistencia, presencia, decibilidad a lo sagrado, lo que ahora recibiría el nombre de lo verdaderamente importante. por lo tanto el arte era el instrumento principal para educar a la gente en una ideología, creando, a partir de representaciones de lo sagrado, modelos fijos de pensar y vivir lo sagrado. la norma de lo sagrado, de lo verdaderamente importante.

cuando el arte empezó su camino de independencia de lo sagrado hasta alcanzar su autonomía, esta autonomía fue por etapas. primero se hizo autónomo de la religión, después se hizo autónomo de la ciencia y por último se hizo autónomo de sí mismo. hay muchas maneras de nombrar a aquel estado en el que algo se escinde de sí mismo de tal manera que en tal desdoble llega al punto de no poder reconocerse a sí mismo, a mí a veces me gusta llamarlo estado esquizoide. cuando Duchaump puso su firma en una taza de retrete y lo llamó obra de arte, no sólo realizó un acto de rebeldía cotra los museos, contra los historiadores de arte y los críticos de arte. no solamente destrozó los límites entre el objeto ordinario y la obra de arte, poniendo de manifiesto que no se trata de cumplir con unos criterios sociales (o culturales) sino de que también se trata de una cuestión de voluntad, la voluntad de quien firmando quiere transformar esto en arte y la voluntad de quién quiere ver esto como arte. en fin, hizo patente lo que es uno de los angustiosos descubrimientos del siglo veinte: parece que nada es, necesariamente, sagrado (o verdaderamente importante, o que la elección nos compromete de tal forma que no tenemos lugar del que refugiarnos de nuestra responsabilidad).

Que el sistema (sea lo que sea eso, y al decir esto no estoy siendo vago) haya absorbido el acto realizado por Duchaump y ahora tengamos un vater expuesto en un museo es secundario. lo grave es que, como me sucedió a mí mismo en el mismo museo de Viena antes mencionado, vayas a sentarte en un sillón de una sala de exposiciones y venga a tí un vigilante enfadado, señalandote una linea blanca que rodea el suelo entorno al sillón, mostrándote que te acabas de sentar en una obra de arte. os lo juro, era un simple silloncito de cuero negro, pero luego me di cuenta que tenía en un lateral una frase que decía algo así como “depende de tí” en inglés, pintada con tipex. alguien dirá que la obra de arte no es el sillón, sino precisamente el suceso que os acabo de contar o, mejor dicho, la posibilidad que abre ese sillón en esas circunstancias. vale, está bien, lo acepto.

de alguna manera, este ejército de obras de arte no pasará a la historia. y qué, se me podría decir. eso digo yo, y qué. en otro museo, el palacio Belvedere, seguimos en Viena, había una planta dedicada al arte del siglo XIX y principios del XX. En una de las salas, montones de pinturas con naturalezas muertas y paisajes. aburridas, mudas, tan importantes como lo será un pequeño sillón de cuero negro con una frasecilla ingeniosa en el siglo XXIV. mayte y yo pasamos al lado de ellas casi sin mirarlas. en otro museo, el Leopold, Acimbolo, con sus rostros hechos a base de componer naturalezas muertas, lo mismo. estos cuadros sólamente tienen interés para que los que viven de la academia tenga material para sus diatribas estériles. pero de repente, en el Leopold, Rembrandt. tres autorretratos. en el más tardio, su mujer y su hijo ya habían muerto, prematuramente, su existencia se había convertido en un infierno, en los otros dos autorretratos mira de frente, te mira a los ojos, con el rostro razonablemente iluminado, razonablemente feliz. en el más tardío, hecho al final de sus días, el rostro está en penumbra, a penas se le entreven sus rasgos faciales, como si la vida se los hubiese robado casi por completo. ya no mira de frente, mira a otro lado, como esperando pacientemente la venida de algo, quizás de lo sagrado.

Walter Benjamin habla de eliminar el aura de sagrado en la obra de arte. su idea es la democratización del arte. quitarle ese velo de elitísmo que tiene. estoy absolutamente en sintonía con su sueño. pero se ha confundido reproductibilidad con producción en serie de mercancia. democratización con comercialización. el elitismo de los que lo disfrutan no ha cambiado demasiado, pero ahora ya no se trata de nobleza, ahora se trata de cuenta corriente. cuando hablo de estos temas no puedo evitar mencionar la película Abajo el telón de Tim Robins. una maravilla, si no la habéis visto vedla, por favor. en ella se cuenta a las claras que el arte actual apoyado por la élite, el que sobrevive gracias a su mecenazgo, es ese en el que no se dice nada, puedes ver en él lo que tú quieras ver, y si no ves nada, no importa, disimula, queda bien sobre la cómoda. el otro, el que dice algo, no conviene, porque como quería Van Gogh, el arte debe de hablar de la realidad, no sumir en sueños. la realidad no debe ser dicha. la realidad, si es mencionada, puede hacer crecer la insatisfacción, puede hacer reclamar a la gente. unir. decir que la realidad es como tú quieres que sea es perverso. la realidad no es lo que tú quieres que sea. como decía el otro día Vicente Ferrer, el mundo es lo que es, aquí y ahora. cerrar los ojos y encerrarse en mundos onanistas, sean los que sean, solo sirve para preservar el status quo, es decir, que unos sigan disfrutando de lo que disfrutan a costa de otros que sigan careciendo de lo que les pertence por derecho.

el arte, como siempre, sigue transmitiendo la enseñanza de lo que es sagrado. preguntaos vosotros y vosotras qué es lo que ahora se quiere normalizar como sagrado. es posible que sea tarea de los artistas de ahora, de todos nosotros, volver a desligarse de lo sagrado, para alcanzar a ver lo verdaderamente importante. a lo mejor en la oscuridad, como Rembrandt, mirando a otro lado, aunque una voz machacona nos repita una y otra vez

I´m making art

I´m making art

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