Vicente Ferrer, in memoriam

Junio 23, 2009

vicente_ferrercreo que fue el domingo que cayó en mis manos un periódico del día anterior. en la portada, en pequeño, aparecía la noticia del fallecimiento de Vicente Ferrer. en el artículo del interior dedicado a él se citaba una frase que venía a decir más o menos que determinados seres humanos no deberían morir. sí, pienso que hay personas que con su vida llegan a justificar la existencia de la especie humana. no revelaré mi lista personal. existen listas personales, pero dentro de esas listas siempre hay algún nombre en el que todos los seres humanos estamos de acuerdo. Kant decía que que la prueba de que un acontecimiento es síntoma de progreso es que despierte en toda la humanidad cierto sentimiento de simpatía. algo complicado eso de que todos sintamos simpatía por la misma cosa, pero es que el progreso es algo complicado. es complicado que se den las condiciones para que una figura como Vicente Ferrer aparezca. por eso su importancia es más notable todavía. por eso uno tiene el deseo de que personas así no mueran nunca, porque al morir muere un poco de nuestra fe en el progreso, como si la ola hubiese arrasado con el castillo de arena. sin embargo no es así. podría enumerar varias cosas que me maravillan de la obra de Vicente Ferrer, pero quizás la más relevante para mí es que Vicente Ferrer es de esos seres que han conseguido hacer, como un amigo mío dice, que las palabras se conviertan en carne, es decir, un ser humano que ha llevado una vida ejemplar.

quizás tendría que explicarme un poco más. el ejemplo no radica para mí en que las acciones de Vicente Ferrer deban de ser imitadas por el resto de nosotros, esto es algo que no podemos decidir, aunque ojalá fuese así. el sentido de vida ejemplar consiste para mí en que en este mundo ha vivido alguien para quien lo que la razón y el sentimiento se ha propuesto es de forma ineludible el sentido de su existencia. Un ser humano que no se ha dejado esclavizar por sus ideales, sino que ha traido eso ideales a lo real, privando a las palabras de ese vacío con el que siempre amenazan, llenándolas de la sangre de lo cotidiano. y así a logrado, al menos, cambiar cierta parcela del mundo, y cierta parcela de cómo nos representamos el mundo.

hace algo más de un año yo estaba en Viena, había alquilado un apartamento por unos cuantos días y una noche, a altas horas de la madrugada puse la televisión, confiando en poder ver algún canal de español. aparte del canal internacional pude sintonizar la TV3, y en esos momentos estaban haciendo un repotaje dedicado a Vicente Ferrer. era la primera vez que lo escuchaba hablar. quizás las primeras impresiones no son las más indicadas para juzgar a alguien, pero vi a alguien bueno, con la llama de la sagacidad en la mirada. quizás las palabras dichas no sea la forma más indicada para juzgar a alguien, pero sus palabras eran sabias, afiladas y expresaban un espíritu inconformista, optimísta pero no crédulo no autocomplaciente. una de las frases que dijo y que atesoro de aquella entrevista, entre otras, venía a decir más o menos que la única forma de alcanzar “la salvación” era que “la SOCIEDAD se transformase en HUMANIDAD”, y ante la pregunta de si el momento ese estaba próximo, Vicente Ferrer contestó que la evolución de la especie ha sido un proceso lentísimo y lo sigue siendo, pero que aunque la única manera de sobrevivir que tiene la especie es humanizándose, y esta humanización va poco a poco imponiéndose, esa humanización no puede llegar de otra manera que no sea con el trabajo digno. hoy buscaré en internet la entrevista. no debo olvidar esas palabras hechas carne, esa vida ejemplar. sí, Vicente Ferrer es un ser humano que debería haber vivido eternamente, y espero que llegue el día en el que esto pueda ser dicho de todos y cada uno de nosotros.


Muestra de azar

Junio 21, 2009

media tarde. ramón salía de su casa con la certeza de que no iba a llegar a tiempo. de momento no es necesario saber quién le estaba esperando. rocío iba montada en un taxi con la certeza de que iba a tener que esperar, como siempre. por ahora no importa saber a qué. pero es importante saber que ella estaba triste. es importante saber que él estaba enfadado. ramón con paso acelerado y sincopado se dirigía a la avenida, cruzando el parque que llevaba a ella. al tiempo el taxi, con esa forma que tiene de moverse un taxi cuando el ocupante temporal quiere que el tiempo pase rápido, que el destino llegue pronto, entraba en la avenida. rocío lo había prometido, ese tipo de promesas que se lanzan a alguien en calidad de notario, había prometido que nunca más iba a sufrir por culpa de nadie. ramón ya en la avenida. a media tarde algunas avenidas se comportan como arterias seccionadas, solamente a ratos algún reguero de vehículos se atasca en los infinitos semáforos, para luego desaparecer. la avenida ahora estaba vacía. y ramón quería un taxi. pero rocío todavía no había llegado. esta noche esta noche, es la noche es la noche, y nada más en el cerebro de ramón salvo un pequeño espacio reservado a la observación del manantial de vehículos, una luz verde, quiero ver una luz verde, se decía ese pequeño espacio. y así, esta noche es la noche, esta noche esta noche quiero ver una luz verde es la noche, pasó un tiempo, ese tipo de paso que no se percibe, como cuando cabeceas por la noche mientras ves la televisión y de repente la película está acabando. estas cosas le pasaban muy a menudo a ramón. rocío se piensa a sí misma pensando en algo que no desea pensar. y siente que debería abandonar esa dinámica. pero ¿cómo puede abandonarse algo sin moverse del sitio? esa es la típica pregunta que no necesita respuesta, porque la respuesta es la misma pregunta ¿verdad? así que le pide al taxista que pare, por favor. y el taxista le dice que aún queda mucho para llegar a su destino y ella le contesta que se ha dado cuenta de que ese no era su destino, y entonces el taxista sin ‘escuchar’ lo que ella ha dicho pero dándose por satisfecho con la respuesta porque no necesitaba respuesta alguna para el taxi, le dice el importe que le debe, se cobra, baja del taxi, saca la maleta de rocío del maletero y se la entrega. ramón, al verse delante de un taxi del que bajaba una señorita, pensó que era agradable no tener que pedir las cosas y que puede que la certeza que tenía de que no iba a llegar a tiempo no fuese otra cosa que otro malentendido más con la realidad. cuando rocío subió a la acera con su maleta trolley azul pudo ver cómo un chico con cierto aspecto de atolondrado le miraba con expresión bobalicona de agradecimiento, expresión que a ella por cierto le conmovió y le hizo sonreír con cierta timidez, haciéndole olvidar por un segundo la gravedad de la decisión que acababa de tomar, haciéndole jugar con la idea de que, al fin y al cabo no había hecho más que ayudar a un desconocido. ramón en el taxi pensó que qué curioso cuando el taxista le dijo que el destino al que quería ir era el mismo que al que iba la señorita. pero ese pensamiento se esfumó en seguida, como la imagen de rocío en el retrovisor, objeto de una rapaz mirada del taxista.

rocío ahora no sabía muy bien qué debía hacer. así que, erróneamente, decidió hacer lo de siempre. caminó hacia un parque cercano, buscó un banco con una buena vista, dejó la maleta a un lado, se sentó y esperó. ramón, nuevamente, estaba ensimismado, le gustaba imaginar lo que iba a pasar, quiero decir, le gustaba imaginar lo que pasaría esa noche cuando él llevase a cabo su plan. y claro, imaginar eso significaba imaginarse a eva. y eso lo ensimismaba sobremanera. ramón no era demasiado original, él lo sabía. pero también creía por otra parte que quizás el concepto de originalidad del siglo veintiuno había cambiado, quizás ahora la originalidad consistía en elevar lo habitual al altar de lo sagrado, creer en ello con tanta intensidad que emerja de ello lo real. y por eso iba a toda prisa a comprar un anillo, uno que vio en la joyería la semana pasada. fue cuando lo vio cuando entendió que era así como tenía que hacer las cosas, y que como fue ese anillo en concreto el que le reveló eso. ese tenía que ser, entonces, el instrumento para ejecutar su fantasía, para imaginar a eva.

ricardo tamborileaba con los dedos en el mostrador. no quería que ella siguiese esperando, porque sabía que esperaba, y estaba seguro que lo esperaba a él. había decidido dárselo esta noche. un premio, un anillo, lo que querría ella, lo que cualquiera querría. ricardo tamborileaba mientras la dependienta cogía el anillo del escaparate. sí, ese está bien. envuélvamelo, por favor. eva, mientras envolvía el anillo pensaba en cómo la gente continuaba haciendo estas cosas. pensaba en la cantidad de cosas que se pueden hacer con ese dinero, pensaba en la cantidad de cosas que pueden hacerse en lugar de esforzarse en ganar dinero para comprar ese anillo. ricardo estaba feliz. sabía que estaba haciendo lo que se esperaba de él, así que se sentía seguro, y para él la felicidad era eso o algo muy similar. una mesa reservada en el restaurante de enfrente, una buena cena, una conversación íntima y misión cumplida. móvil de eva: ramón: estoy llegando, conseguiré estar ahí antes de que cierres. móvil de ricardo: rocío: lo siento, no voy a ir, necesito tiempo para mí, debemos dejarlo. y ya no hace falta decir más cosas de ricardo, o sí, pero no ahora, aquí.

la noche ya estaba aquí, plantándose en el parque, sentándose frente a rocío, que seguía mirando al futuro y no veía más que esa noche que a todos nos quiere cubrir alguna vez. ramón baja del taxi corriendo, casi choca con ricardo, que al ver el vehículo no dudó en subirse a él. ramón llegó con dos zancadas al escaparate, como para asegurarse que el origen de su fantasía seguía allí, sustentándola. su rostro, como se suele decir en estos casos, se desencajó a causa del horrible vacío que halló. entró en la tienda y sin poder reprimir su frustración le preguntó a eva por el anillo ¿qué anillo? ¡el que estaba ahí! ¡ah! ¡ese! se lo iba a llevar un señor, pero cuándo se lo estaba envolviendo se ha marchado sin decir nada, aquí está. y bueno, para qué contar lo que sigue, para satisfacer nuestra curiosidad, hagamos como que nos interesa. entonces él saca la cartera e impostando la voz tal y como había ensayado le dice: ’señorita, quiero este anillo, voy a regalárselo al amor de mi vida’, y eva pone una cara que no se parece a la que ramón había imaginado, sonríe, nerviosa, como quien sonríe ante el ridículo de alguien a quien no quiere ver haciéndolo. entonces ramón pierde pie y se empieza a hundir. aún así insiste, lo cual hace que eva también insista y le diga ‘yo no quiero un anillo, ramón’, y eso hace que ramón haga lo que suele hacer cuando lo que imagina no consigue que se haga real: una idiotez. ‘nadie ha dicho que sea para ti, he dicho que me lo envuelvas y me lo vendas’. eva, confusa, se lo envolvió, le cobró, ramón se marchó y comenzó a caminar hacia su casa.

en la calle, en el paseo de ramón, la noche, que tiene el don de la oportunidad, se pone a pasear con él, y como dos gotas de tinta que resbalan hacia el centro de la espiral, la noche de rocío y la de ramón se encuentran en el parque. rocío lo mira, casi no lo reconoce, pero hay algo en común entre la expresión de bobalicón que le había visto antes y la de asqueado que tiene ahora, una especie de aire infantil. hola ¿te acuerdas de mí? soy quien te ha pasado el taxi. sí ¿que haces aquí? pues esperando. y ramón, como es así, le entrega su imaginación envuelta ¿qué es? lo he comprado para ti. rocío, tras abrir la caja y poner el anillo en la palma de su mano mira a ramón. éste, avergonzado por lo que acaba de hacer se marcha. mientras rocío ve cómo ramón se aleja sus ojos se llenan de lágrimas, por fin sabe lo que había estado esperando, gracias, dijo. se levantó, agarra su maleta trolley azul y comienza a caminar. al llegar a la avenida espera pacientemente a un taxi. sube en él. le dice al conductor su destino. el taxi se pone en marcha, abandonando aquel lugar y a un anillo que brilla todavía en la calzada, imagínate.


EL NIÑO VIVIENTE

Junio 19, 2009

No suelo ver niños vivos en este parque. Sé que es posible que estén en alguno de los muchos escondites secretos que hay por este lugar. Una noche me ocurrió que, caminando por un paseo de la zona oeste, observé cómo de una oquedad que formaban tres grandes setos surgía una manita, con la palma abierta hacia arriba, como si estuviese pidiendo algo, como si la criatura a la que pertenecía estuviese pidiendo que la sacasen de ese agujero. Me acerqué, aplastando con mis pasos la hierba húmeda como cabellos mojados por la niebla. Pregunté primero si se encontraba bien, pero no recibí respuesta alguna. Las sombras me impedían ver el resto del cuerpo. Aproximé las yemas de mis dedos hasta rozar suavemente las puntas de los suyos. En esa breve caricia pude percibir el eco de la muerte. Fría como las estatuas que pueblan este lugar, la mano no reaccionó. Me arrodillé junto a ese objeto inerte que alguna vez había servido para agarrar la mano de alguna madre, lo cogí con fuerza y tiré de él. La sensación fue siniestra. Los infantes no pesan casi nada. Sus cuerpos todavía no están saturados de existencia como el de los adultos. Por eso es tan fácil que no arraiguen en este mundo. Pero en aquel caso la carencia de peso era sobrenatural. Al estirar, de la oscuridad surgió un antebrazo, después el brazo, pero no continuó apareciendo nada. El brazo había sido seccionado a la altura del hombro. A esas edades es difícil saber si pertenecía a un niño a una niña. Es ese tipo de dificultad que demuestra que la cuestión no es relevante. Esto pasó hace ya tiempo, y creo recordar que fue la última vez que pensé que podía encontrarme con un niño vivo en este lugar.

Hace dos noches, sin embargo, las cosas tomaron un rumbo inesperado. Estaba dando uno de mis paseos rutinarios por el parque cuando escuche una risa. Una risa que me produjo la sensación de alegría pero a la vez un profundo y frío sobrecogimiento, como si contuviese el mensaje de que toda alegría es pasajera como lo es la risa. Seguí mi camino. Algunas veces uno no sabe si ha oído o ha deseado oír. Últimamente esa clase de niños que vienen al parque andan en silencio, como perdidos, como si los residuos de sus conciencias vagasen por aquí buscando aquello que no pudieron encontrar en vida. Al final, uno echa de menos verlos jugar. Pero dos o tres árboles más adelante volví a escuchar algo, una especie de golpe en el suelo de gravilla, como si alguien se hubiese caído. Después escuché unos sollozos. Me dirigí a dónde se originaban los lamentos. Era una pequeña glorieta, un sitio un poco apartado de los senderos que recorren el parque por esa zona. Apoyado junto a una estatua había un niño vestido de colegial, con pantalones cortos de tergal, camisa blanca de manga corta, y pajarita roja con lunares blancos. No parecía tener más de siete años. La tenue luz de la luna resaltaba la piel blanquecina de sus manos tapándose el rostro. Me acerqué a él.

-¿Eres un niño muerto?

- No…

- ¿Qué haces aquí entonces? No deberías estar aquí ¿Te has perdido?

- Sí… He perdido mi pelota.

Entonces comprendí.

- Hoy no te la podré dar, a lo mejor mañana.

Cogí al niño de la mano, confiadamente éste me acompañó. Pensé que no volvería a verlo. Pero me equivocaba. Ayer volvió a aparecer. No lo he visto casualmente, debo de confesar que he regresado al lugar donde ayer lo ví porque aquel encuentro me resultó, no sé, esperanzador. Acostumbrado a ver niños muertos me sentí de repente capaz de hacer algo, hacer que, al menos uno, encontrase lo que andaba buscando. Me quedé sentado a los pies de la estatua. Pasaron unos instantes de vacío y frío hasta que, de repente, un jolgorio apenas audible comenzó a venir hacia mi.

- Hoy estás contento.

- Sí.

- Pero sigues aquí.

- Sí.

- ¿Quieres que te devuelva la pelota? Te la doy y te saco de aquí.

- Nooooo, déjame quedarme hoy contigo.

- Está bien, pero solo un ratito.

Me ha acompañado mientras he estado cumpliendo con mis obligaciones. No es necesario que me extienda en ellas demasiado. Solamente diré que me encargo de revisar las cosas y de que estén en su sitio. Hemos ido adonde la rosaleda. Allí suele haber una niña, Ana, de cabello negro rizado y con unos grandes ojos azules, que llora porque ha perdido un zapato. Casi siempre lo acabo encontrando y cuando se lo pongo deja de llorar. Como suele pasar, Ana estaba de rodillas en la gravilla, buscando su zapato.

(Entre pucheros)

- ¿Qué te pasa, niña?

- ¿Dónde está mi zapato?

- ¿De qué color es tu zapato?

(Entre pucheros)

- Pues no sé, es igual que este.- Levanta la piernecita para que mire el otro zapato, pero no está.

- Ese pie no lleva zapato.

- ¡Es verdad! ¡me he equivocado! ¡es el otro!- Hoy el zapato extraviado era de color azul, eso es porque ha hecho un día soleado. Suele variar según el tiempo que hace, aunque a veces cambia según si entro por el lado norte o por el sur, o por el este o por el oeste.

Fue el niño quien lo encontró, Ana nos esperaba sentada en un banco, balanceando las piernas distraída. El niño me dio el zapato y se quedó de pie a cierta distancia de nosotros. Ana estiró la pierna izquierda dejando ver la rodillita magullada de buscar su zapato a gatas. Iba a colocar el zapato en ese pequeño pie cuando me detuve, y volviéndome hacia el niño, le ofrecí con un gesto disimulado el zapato de Ana. Pero él lo rechazó, negando enérgicamente con la cabeza. Así que se lo coloqué yo, haciéndola desaparecer por enésima vez este año.

Tras salir de la rosaleda, mi pequeña compañía y yo nos dirigimos a la fuente que hay junto al sauce llorón, más allá del estanque de los patos. No me he dado cuenta del detalle hasta ahora, mientras marcho hacia el parque una vez más, pero ayer, mientras caminábamos hacia la fuente, no era yo quién marchaba delante, tal y como ha sucedido en otros paseos con él, sino que yo era quien lo seguía. En esa fuente, las noches en las que la luna salía antes de ponerse el sol, un bebé caía de la tinaja que sostenía la estatua del centro, hundiéndose en el lecho verde de musgo. Los peces lo rodeaban y empezaban a comérselo, si yo no llegaba a tiempo para espantarlos. Me costó mucho tiempo darme cuenta de estos hechos, porque el bebé nunca lloraba, solo se oía el “esplash” que producía al caer en el agua.

Cuando llegamos acababa de hacer ese ruido, así que yo apreté el paso para llegar a tiempo, antes de que los peces lo devorasen. Pero el niño me detuvo.

- ¡No!

- ¡Hey!, suéltame, tengo que cumplir con mi trabajo.

- ¡No!

Lógicamente, me zafé fácilmente de su presa, pero entonces mis pies se hundieron en el suelo, que se había convertido en fango, llegándome éste hasta las rodillas. Hice toda la fuerza que pude pero no conseguí liberarme del suelo. Entonces la fuente comenzó como a derretirse, como la arcilla blanda diluida. El agua de la fuente, libre de su prisión, se extendió por todo alrededor, mojándome la entrepierna. El bebé, como si fuese un barquito de papel, resbaló por el suelo hasta llegar a los pies del niño, él no se había hundido en el barro. Se inclinó sobre el bebé, que seguía en silencio, deshaciéndose poco a poco hasta desparecer en el barro.

- Espera, ¿a dónde quieres ir ahora?

(Silencio)

-¿Quieres seguir acompañándome?

(Silencio)

- Verás, tengo que ir a ver a alguien importante para mí.

- Sí, pero ella no va a estar.

- Siempre está, niño.

- Esta noche no, quédate conmigo.

- No puedo, ella me espera.

- Esta noche no.

(Silencio)

Comencé a caminar sólo, pensando que había perdido la ocasión de volver a ver al niño viviente. No hacía absolutamente nada de viento. Los árboles habían enmudecido. El suelo era como de goma. Las nubes no dejaban ver el cielo, quietas, absorbiendo todo el sonido y reflejando la luz enfermiza de las farolas. Así es como supe anoche que algo no iba a suceder. Pero nunca había sucedido eso. Ella siempre había estado. Siempre había estado, de una forma u otra.

El niño se había equivocado. Sí que estaba. Allí, donde siempre. Sentada sobre el césped. Apoyada en el olivo solitario que hay a la salida oeste del parque.

- Hola.

- Hola, ¿qué quieres?

- Nada, sólo quería saludar.

- Estoy esperando a alguien.

- Lo sé.

- Es mi amigo, bueno, todavía no, pero algún día lo será.

- ¿Ah sí?

- Sí. Todavía no se ha decidido, pero le gusto. Algún día será él quien me espere a mí.

- Algún día. Pero hoy no.

- ¿No?

- No, ¿ vienes conmigo?

- ….

- Yo no voy a hacerte daño, hoy no.

- Bueno.

Como todas las noches, intenta levantarse, como todas las noches no lo consigue.

- No puedo levantarme, tengo las piernas dormidas… Y mi falda… Esta mojada, ¡sangre!. DAMELAMANOPORFAVOR, ayúdame a levantarme.

- No necesitas levantarte.

Me senté junto a ella y la abracé, al final el niño viviente estaba en lo cierto, ayer por la noche algo fue distinto, ella no desapareció. El abrazo fue largo y doloroso, y yo lloré como hacía mucho que no lo había hecho.

A grandes rasgos, esto ha sido lo que he vivido estas dos últimas noches. La noche de hoy me espera agazapada entre los últimos rayos de sol, cuando el parque, ya cerrado, empieza a musitar las notas del silencio. Ya empiezo a verlos, como sombras que se ven por el rabillo del ojo, entre aquellos pinos. Tras el roble aquel. Entre los setos de aquel laberinto. Paseo tranquilo, seguro de que mis pensamientos no son escuchados por nadie. No dejo de pensar que el niño vivo volverá a aparecer, y para entonces estaré preparado. Mientras me voy acercando distraídamente al lugar donde, los viernes, suelo encontrarme con el padre y el hijo. El hijo sentado en el banco, disfrazado de fantasma, el padre a unos pocos metros de distancia, disfrazado de colegial. Siempre igual, siempre lo mismo. El niño fantasma parece cansado y aburrido, con los codos apoyados en las rodillas y la barbilla apoyada sobre sus pequeños puños cerrados. Atado al banco un globo de helio verde, suspendido justo sobre su cabeza. El padre colegial está jugando con una pelota, aun en la oscuridad se le pueden distinguir esas pequitas pintadas sobre sus mejillas. Pantalones cortos de tergal, camisa blanca de manga corta, y pajarita roja con lunares blancos.

No siempre actúo igual. Algunas veces me pongo a jugar con el padre a la pelota, él la tira y yo las paro entre una portería improvisada entre dos abetos. En otras ocasiones me siento junto al pequeño fantasma y me pongo a hablar con él, para ver si se anima un poco. Hoy no tengo ganas de hacer nada de eso. Ni siquiera tengo ganas de cumplir con mi tarea. Me quedo a cierta distancia de ellos. Observándolos. Es como si los tres estuviésemos en el fondo del mar. Todo es pesado. El aire se queda en el pecho, hinchando los pulmones sin querer salir.

- ¿No vas a hacer nada?- me pregunta una vocecita familiar. El niño viviente está justo detrás mío, yo ya había notado su presencia.

- No, hoy no.

- ¿Por qué?

- Imagino que porque quiero verlo otra vez.

- ¿Por qué?

- No lo sé… Quizás porque quiero que tú lo veas.

- Pero yo no quiero verlo.

- Estás aquí, deseas verlo.

- ¡No!

Pero no hace nada. Se queda ahí de pie. Quieto, como si se hubiese cruzado con una gran bestia salvaje. Y entonces sucede. Primero solamente se oye el crujir de un rama. Yo ya ni miro en la dirección del ruido. Pero el niño tiene la mirada fija en esa masa informe que se ha formado entre las sombras de la vegetación del vergel que hay junto al muro. Un olor fuerte invade la atmósfera. El suelo vibra con las pisadas de la bestia. Es un gran oso pardo, con las fauces abiertas, moviendo su horrible y gigantesco cuerpo con la lentitud previa a la violencia. El niño fantasma se vuelve en dirección a la bestia y a continuación corre asustado hacia su padre, dejándose el globo atado al banco.

- ¡No dejes que lo haga!- me llora el niño viviente.- ¡Por favor! ¡No dejes que lo haga!

El niño fantasma se agarra de la pierna de su padre. El oso se acerca al banco y se yergue sobre sus patas traseras. Con una de sus zarpas agarra el globo, arrancándolo de su amarre. El oso, como todos los viernes, me mira y una lágrima cae de por sus mejilla.

El niño fantasma mira hacia arriba, hasta encontrar los ojos de su padre, que no está mirando al oso, sino a él. El oso suelta el globo, elevándose este hasta perderse de vista. El niño fantasma ha perdido su disfraz. Yace en el suelo, con el cuello roto. Junto a él, de rodillas, su padre, disfrazado aun de colegial. Todo ha terminado.

- ¿Tienes ya lo que buscabas?

- ¿Es así como pasará?

- Más o menos.

- No podré hacer nada por evitarlo.

- Está aquí, eso significa algo, pero no que no lo puedas evitar.

- Bien, adiós.

El niño vestido de colegial comienza a andar, alejándose de mí. Pero se detiene:

- ¿Puedo llevarme la pelota?

- Claro, es tuya, llévatela.


El corazón, si pudiese pensar…

Noviembre 29, 2008

corazon08He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca a la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales. Así, no sabiendo creer en Dios, y no pudiendo creer en una suma de animales, me he quedado, como otros de la orilla de las gentes, en esa distancia de todo a que comúnmente se llama la Decadencia. La Decadencia es la pérdida total de la inconsciencia; porque la inconsciencia es el fundamento de la vida. El corazón, si pudiese pensar, se pararía.

 

Fernando Pessoa, El libro del desasosiego.


¿hay alguien ahí?

Noviembre 23, 2008

una_mano_en_el_desierto_fullblockno hay nada que me perturbe más que el estar alejado de la realidad. es tan fácil quedarse con una versión acomodaticia de qué es el mundo, qué es aquello que acontece. no sé si esto es aplicable a los demás, pero no me importa tanto como lo que hay de aplicable para mí. me veo destinado a una constante revisión por mi parte de mis propios principios, de mis planteamientos y lineas de actuación. la amenaza de la mentira siempre está ahí. por más que lo intento el mismo discurrir de la existencia hace que el ser esté en perpetua amenaza de desaparecer. el día a día no es peligroso, la memoria no es peligrosa, ni tan siquiera las heridas que te va dejando la vida. lo peligroso es tratar de dalre la espalda a todo eso con un movimiento de huida que no hace más que hinchar el tumor.

ya no creo en las grandes acciones ni en las grandes ideas. no porque no los espere, sino porque creo que no son nuestra salvación. la honradez es sumamente peligrosa, tanto como lo correcto pero ¿quién se va a atrever a señalar el error intrinseco a hacer lo correcto? no hay lugar en el que uno no se pueda esconder la verdad. y la verdad es que la gran mayoria de nosotros nadamos en una gran mancha de mentiras.

no ser honrado, quizás. no ser honesto, nunca. y qué persona honesta no va a reconocer que en el mundo en que vivimos, que nos empuja a vivir nuestras miserables vidas como si cada uno fuese el único ser vivo en la Tierra, nadie está haciendo nada porque la maquinaria pare. quien es suficientemente joven para tener la fuerza es demasiado joven para no derrocharla en contra de molinos de viento. quien es lo suficientemente mayor como para saber dónde se esconden los gigantes es demasiado mayor como para no creer que forma parte de ellos. y tanto esos jóvenes como esos mayores son los que están vivos. porque luego están aquellos que no lo están. esos que por vete tú a saber qué motivo nunca pensaron y nunca piensan. pero yo de esos no quiero saber nada. esos son los organos inconscientes que mantienen en plena latencia a la ley y al orden. son los que le dan sentido. yo quiero saber de todos aquellos que pensáis y que por tanto sabéis. y que por tanto, de un modo u otro desesperáis porque existís. me muero por conoceros, por hablaros, por escucharos

¿hay alguien ahí?


Averno

Septiembre 15, 2008

 

-       ¡A DÓNDE VAS!

-       ADENTRO.

 

Brazo. Brazos. Pierna. Piernas. Cabeza. Cabezas. Música. Música. Ya llega. Ya llega. Música. Todo va bien, todo está bien y música música. Y luz. Y luz. Más luz. Oscuridad. Música. Ceguera. Sordera. Sinestesia. Sinestesia. ¿Lo ves? ¿LO ESTAS VIENDO?

-       ¿YA TE LA HAS TOMADO?

-       ¡SI! JAJAJAJA

-       ¿QUIÉN LAS TIENE?

-       ¡TOMA!

-       SALUD.

-       POR TI abrazo-.

-       TE QUIERO TIO beso-.

 

Choca el cristal. El alcohol que moja las manos. El alcohol se ha espesado al tocar la mano, convirtiéndose en algo más oscuro y denso. La palma de la mano abierta. No hay vaso. Solamente un pedazo de cristal manchado. Saltando, saltando. Saltándose. Moviendo. Moviéndose. No hay chicas. No hay chicos. Sí que hay. Chicas. Solamente chicas. Está en la entrepierna. Está ahí. Todo está ahí.

 

-       VEN.

-       ¿A DÓNDE?

-       VEN. CÓGEME LA MANO.

-       Espera… es que tengo algo.

-       ¡¿QUÉÉÉ?!

-       ¡ESPERA! TENGO ALGO EN LA MANO

-       ¡PUES SUÉLTALO!

-       YA LO HAGO JAJAJAJA.

-       JAJAJAJA. ¡VEN!

 

Caliente calor. Ella se mueve. Así. Llevándolo así. Subiendo la escalera arriba llevándolo arriba. Espera. Al piso de arriba. Otra vez luz y luz, verde roja azul, fucsia. Espera. Qué bonito. Qué calor. Sed. Su espalda con sudor. Música ruido más música ruido menos.

 

-       espera, para en su húmeda espalda, las yemas de mis dedos le tatúan una línea roja.

 

Ella se vuelve con una sonrisa que parece no formar parte de su rostro. Como si la sonrisa fuese visible antes que el resto de su cara.

 

-       q kiers? tra +?

-       ok. tnes agua? tngo sd.

-       clro. n hs parado. tma.

 

Amarga la pirula. Y el agua. Pero no es lo único. Hay algo más. Algo más amargo aun. Pero no se deja ver. No se deja mirar directamente. Es irreal. Es real. Es más que real. Dejo que ella me lleve. Pero ¿quién? Porque no me refiero a ella aun siendo efectivamente ella quien lo hace. Calor. Sudor. No puedo centrar la vista. No la puedo centrar. No sé quién se mueve. Si no soy yo es lo que me rodea. Pero ¿qué diferencia habría? No hay nada que ate. Abandonarse a algo es abandonarlo todo. En el Averno nadie quiere dormir. Todos temen a la pesadilla. Un sueño compartido en la soledad de la multitud.

 

 

-       HEY ¿A DÓNDE VAS?

-       AFUERA.

 

 

 

 

 

 

 


Nuevo.

Septiembre 3, 2008

sorprendentemente, la vistas desde donde estaba yo hace una semana no se parecían en nada a las que se tienen cuando uno lo ve desde ese otro lado en el que nos instalamos todos al mirar la imagen del televisor.

delante de unas cervezas a medias, una noche que también estaba a medias, en medio de una conversación, no sé cuándo exactamente, hace días, quizás alguna semana. mi amigo me dice que tener un hijo te cambia la vida. yo como siempre reacciono con ese punto de desmedida que a veces me caracteriza… como si nunca pudiesen usarse los tópicos, los típicos lugares comunes. ese punto de exagerada veracidad que a veces los demás de mi desean, o no desean.

 

- pues yo no sé si te cambia la vida ¿por qué te la tiene que cambiar? ¿qué significa cambiar la vida? ¿que se diferencia el tener un hijo de fumarse un cigarro? ahora me estoy encendiendo este cigarro y también me cambia la vida este acontecimiento.

- vamos hombre, ya sabes a los que me refiero. a partir de ahora tendrás que hacerte cargo de responsabilidades que antes no tenías que asumir. a partir de ahora hay alguien que depende de tí.

- bueno. pero no es un cambio necesario. es una responsabilidad que puedo aceptar o no. es una dependencia que puedo asumir o no. sigo sin ver la conexión con el cambio de vida.

- no sé, creo que te estás poniendo a la defensiva, cuando lo que trataba de decirte es lo bonito que es eso.

- no, no me estoy poniendo a la defensiva. sólamente creía que estabamos hablando en serio. ahora bien, si estabamos hablando por hablar entonces sí, te cambia la vida, en el futbol no hay rival pequeño y de todo el mundo se aprende…

- venga hombre, lo que te pasa es que crees que lo del niño te va quitar libertad, tu argumento se reduce a: ‘eh, eso no es cierto, yo sigo siendo libre, si me responsabilizo de ello es porque lo decido libremente’. quieres creer que sigues siendo libre, nada más, aunque ya no lo seas tanto.

- mira, pues no. el caso es que, hasta ahora, la gente que me ha dicho eso de ‘te cambia la vida’ se divide en dos grupos: los que están en tu situación, tio sin pareja, que va por libre y por tanto la idea de tener prole ahora les daría un ataque de pánico, y los que se han metido en el tema de la familia como autómatas, y quieren meterme en su club. no, en realidad eres tú quien cree que se pierde libertad.

- ¿y tú no lo ves así?

- pues verás, por eso te preguntaba si estabamos hablando en serio. claro que si asumo la imagen que se tiene de ello voy a pensar así. y cuando empleo la palabra ‘asumo’ me refiero a aceptar esa descripción como una descripción de la realidad. pero lo mismo se me dijo cuando me casé. lo mismo se me dijo cuando acepté un trabajo estable. cuando me marché de casa de mis padres. y sin embargo…

- … sin embargo contigo no fue así, tu eres especial.

- ¡no! no lo soy. soy como cualquier otro, y eso es justamente lo que quiero decir. o, si quieres decirlo de otro modo: todos somos especiales.

- cuando dices que todo el mundo es especial es como si dijeses que nadie lo es, anulas el significado de la palabra ‘especial’.

- tienes razón, salvo por un detalle. yo me refería a ser especial respecto a la norma o la imagen o la fantasía de que tener un hijo te cambia la vida. si quieres, en lugar de ‘especial’ podríamos decir ‘anormal’. nadie se ajusta a la norma, a la fantasía, o a la imagen.

- nadie es perfecto.

- ahí es donde está la trampa. porque inferir que no ajustarse a la imagen es no ser perfecto requiere que pienses que la imagen o la norma es perfecta.

- ¿y tu no lo crees?

- la cuestión no es esa. la cuestión es que yo no sé si a mí me cambiará la vida. no lo sé precisamente porque siento esa distancia entre lo que significa es frase y la cantidad de cosas que deben suceder para que, efectivamente, algún día yo pueda decir que me ha cambiado la vida ser padre. algún día en el que yo pueda hacer la recapitulación e imaginar lo que podría haber sido y no he sido, lo que he llegado a ser. pero el ser padre es una de tantas cosas que llegan a afectar a la historia personal de uno. y hay algo más, siempre me ocurre que al reflexionar sobre las limitaciones de las que soy objeto puedo vislumbrar el campo que hay al otro lado del cercado. es un sentimiento muy parecido al que se tiene cuando uno anda por la repisa de un montaña, contempla el vacío e imagina su propia caída. el abismo parece que te llama. lo más serio que puedo decir al respecto es que estoy en la más absoluta ignoracia de lo que significa el ser padre.

la conversación fue más o menos esta.  al final las cervezas terminaron, la noche también.

hace casi un año yo estaba en el hospital. mi padre me había llamado la noche anterior. mi tio se había puesto muy enfermo de repente, lo habían ingresado. noventa años, el pronóstico no era nada optimista. mi padre me instó a que me apresurase en verlo, podría ser la última oportunidad que tendría de hacerlo. marche temprando al hospital para ser verano. no sé, serían algo así como las diez de la mañana. nunca he soportado los hospitales pero, conforme voy cogiendo años, la sensación de rechazo se ha ido suavizando. entré en la habitación, compartida con otro enfermo. estaba atestada de familiares de ambos. mi tio no reaccionaba. le habían fallado los riñones y el hígado. los médicos decían que, sencillamente, el cuerpo le estaba dejando de funcionar. nunca lo habían ingresado. trabajó duro hasta los setenta. nunca bebía agua, decía que oxidaba las cañerías, salud de hierro, aparentaba ahora setenta. le besé la frente, le cogí la mano, no sabía muy bien que hacer; él, aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. en un estado de seminconsciencia provocada por la morfina y el dolor recorría con la mirada el techo de la habtación. le solté la mano, dejé que otros familiares se acercaran. yo me quede a los pies de la cama, mirandolo de frente. repentinamente dio un respingo que hizo que su toraz se arquease. la gente se sobresaltó, hubieron lamentos. los familiares del otro paciente y el propio paciente salieron de la habitación. yo no apartaba los ojos del rostro de mi tio. quería verlo. quería mirarlo. a los pocos instantes comenzaron a oirse los estertores. ahora sé lo que es un estertor. pasaron dos minutos quizás antes de que muriese. es la única vez que he visto morir a alguien. a mi alrededor lloros, quejidos, palabras a media voz, abrazos. yo seguía mirandolo. no podía apartar los ojos de él. sentía que estaba formando parte de algo que supera cualquier descripción, algo que hace enmudecer porque es una realidad absoluta. muerte. silencio.

como decía al comienzo, la vistas desde donde estaba yo no se parecían en nada a las que se tienen cuando uno lo ve desde ese otro lado en el que nos instalamos todos al mirar la imagen del televisor. de pie junto a la cabecera de la camilla, acariciaba el pelo de mi mujer y le daba ánimos, haciendo esfuerzos por colaborar, mientras ella hacía los auténticos esfuerzos. solamente alcancé a ver una cabecita manchada de sangre. con rápido movimento el médico sacó al niño y lo tendió sobre el vientre de mi mujer. el niño nos saludó con un berrido y los brazos abiertos, como si nos quisiese dar un susto. rápidamente se lo llevaron a otro lado de la estancia para lavarlo y pesarlo.

- ¿quieres venir? – me preguntó la pediatra.

me acerqué tímidamente y algo desorientado. se había calmado, estaba en silencio, con los ojos abiertos. me miró. me mantuvo la mirada por unos breves momentos antes de cerrar los ojos. ýo no podía apartar la mirada de ese pequeño rostro. otra vez algo de lo que no se puede decir nada. una realidad absoluta. vida. desde hace una semana no me he separado de él. una especie de embrujo del que no soy la única víctima hace que no pueda pasar mucho tiempo sin verlo. silencio.

 

A mi hijo. 


Humilde y modesto comentario sobre “Aborto libre y progresismo” de Miguel Delibes.

Abril 13, 2008

(Esta entrada es un comentario mío a un artículo de opinión que salió en el ABC, escrito por Miguel Delibes. El artículo lo podéis encontrar en el vínculo de referencia que veréis al final.)

No deseo extenderme demasiado en este asunto, así que iré al grano. Expondré la argumentación de Delibes en los puntos que deseo resaltar y los comentaré:

1. Un grupo de personas se manifiestan a favor del aborto y esto significa que:

 

a)          Exigir un derecho es aceptar una acción que éste ampara como moralmente buena.

b)          Estar a favor del derecho a abortar es querer abortar.

 

Sobre el apartado a., el derecho no puede entenderse como un acto, un hecho consumado, sino como, podría decirse así, un espacio abierto que limita lo que es posible hacer de lo que no es posible hacer. Una sociedad en la que hay determinados derechos, es decir, en la que ciertos grupos o individuos pueden hacer determinadas cosas no es una sociedad más o menos buena. ¿Qué diríamos de una sociedad en la que la gente tiene derecho a mentir pero en la que nadie miente? ¿O una sociedad en la que se tiene derecho a la venganza pero en la que todo el mundo opta por perdonar? Cabe imaginar una comunidad de seres humanos en la que se contemple la legitimidad de hacer algo pero que sus integrantes decidan no hacerlo porque no les parece bueno, precismente por el mecanismo inverso aparecen nuevos derechos. 

Y por lo que respecta al apartado b., es absolutamente concebible el que alguien defienda el derecho al aborto pero que esa misma persona no desee hacerlo sino que, más bien, pensando en que no se trata siempre del individuo sino del grupo (mejor dicho, no siempre se trata de mi felicidad sino también de la de los otros), apueste por defender un derecho que en un momento dado puede significar la diferencia entre un mundo mejor o uno peor. ¿Habría que eliminar el derecho a la libertad de culto en una sociedad en la que no hay más que un solo culto? ¿Habría que acabar con el derecho a la sanidad en una sociedad en la que nadie enfermase?

El planteamiento de que la discusión sobre el establecimiento de un derecho es la discusión sobre el establecimiento de una moral (quiero decir, ojalá fuese así, ojalá que el derecho a la búsqueda de la felicidad de la Declaración de Independencia de los E.E.U.U. implicase algo más –o algo distinto- que el tener la opción de buscarla) es erroneo. La moral es el deber hacia uno mismo, el derecho es la posibilidad de no hacer caso a ese deber. Por así decirlo, y haciendo referencia a la referencia que hace Delibes, significa que el derecho es el reconocimiento de que no somos santos, no somos bestias, sino humanos.

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2. El óvulo fecundado es algo vivo por lo tanto es un proyecto de ser y esto significa que:

 

a)       En un futuro se convertirá en una persona.

b)       Como tal persona será portadora de derechos y deberes.

c)       El aborto es interrumpir ese proceso, por lo tanto, es negar la opción de reclamar tales derechos.

 

Para empezar se hace un flaco favor a la defensa de la vida cuando se la fundamenta en algo que puede llegar a ser. ¿Quiere decir que si la mujer supiese con certeza que tal proyecto no se va a dar podría ‘interrumpir la vida’? entonces estamos discutiendo la legitimidad de matar o no matar basándonos en la ignorancia de quien toma la decisión. ¿Dónde ponemos la linea de lo que es “convertirse en un ser”? ¿En la frontera natural de nacimiento? ¿en concepciones filosóficas? ¿en concepciones religiosas? ¿en lo que la ciencia vaya descubriendo? ¿por qué no identificar ‘vida’ y ‘ser’? ¿no sería así más sencillo? La razón de que Delibes no haga esta identificación es que si la hiciese estaría entrando en el terreno resbaladizo de indetificar una célula con una persona. De ahí que, según a., identifique proyecto de ser con proyecto de persona; no es difícil afirmar que el cigoto es una vida y eso sigfica que es un ser, pero resulta retorcer mucho el concepto de persona decir que lo es un organismo de unas centenas de células. Evidentemente, si a. es cierto entonces b. también lo es y de ahí se sigue c.; pero se incurre en un argumento falaz porque se establece que la acción en el presente de no interrumpir una vida (por cierto que nunca he entendido la diferencia que hay entre esta expresión y la palabra ‘matar’, supongo que es una diferencia ideológica) es la causa necesaria para que ese ser vivo llegue a ser una persona. Es decir, la falacia está en decir que matar un pequeño organismo es negarle los derechos a una persona. Para verlo claro, imaginemos una mujer que está embarazada de un mes y un ser omnisapiente le dice que su hijo caerá en coma un mes antes de nacer (más o menos cuando ya empieza a soñar) y así seguirá el resto de su existencia ¿sería moralmente encomiable el que esta mujer matara al embrión? Pienso que alguien antiabortista y coherente debería negarse a hacerlo, porque el acto seguiría siendo la interrupción de una vida. Sin embargo, según Delibes parece que estaría justificada moralmente acabar con ella.

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3. La libertad es algo que el embrión tiene, solo que no posee la voz que le permita reivindicarla.

 

Primeramente vale la pena señalar que Delibes no parece decidirse entre la opción de que la libertad del embrión forma parte de esa serie de potencialidades entre las que se cuenta también sus derechos y deberes o si, por otra parte, resulta ser un atributo que ya posee de facto pero que no tiene la voz para reclamarla. La primera acepción es ciertamente muy confusa, porque un ser vivo o es libre o no lo es y entrariamos entonces en el argumento falaz del punto 2. En la segunda acepción, más relevante en la argumentación de Delibes, parece que se intenta decir que, como la libertad existe como potencia (aristotélicamente hablando, imagino), ha de ser tenida en cuenta en tanto que posibilidad negada en el presente pero con la posibilidad de ser afirmada con “una voz” en el futuro. Si se ‘interrumpe la vida’ se está acallando tal voz. Pero, siguiendo esta argumentación, no solamente se incurriría en injusticia en los casos en los que se aborta, sino también en los que no se aborta, ya que podría darse el caso que este ser en potencia, en un futuro, se suicide con el sentimiento de que desearía no haber nacido. El permitir que el proceso de la vida continue o el no permitirlo puede ser una decisión de un ser humano (por lo tanto libre), sea sobre la vida de uno mismo o sobre la vida de otro, pero durante todo el proceso en el que el embrión pasa a ser feto, de ahí a ser bebe, y de ahí a crecer hasta ser persona, no se da la libertad de existir hasta que esa vida tiene de hecho el rango de persona y por lo tanto es capaz de decidir seguir vivo o no. Así que no se puede sostener el argumento de que no interrumpir la vida es preservar la libertad del embrión, más bien es dejar que, en lugar de estar sometido a la decisión de la madre, estará sometido al transcurrir de la naturaleza, en cualquiera de los dos casos no hay libertad alguna.

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4. “El derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos”.

 

El empleo de la palabra derecho aquí es harto confuso. ¿Quiere decir que es posible tener la opción de no poseer un cuerpo? ¿quiere decir que el embrión tiene derecho a decir ‘no’ a tener un cuerpo? Por supuesto aquí se está presuponiendo que hay algo que antecede o es diferente al cuerpo. Si es sólo de un cuerpo que podemos decir que está vivo o muerto ¿qué importancia tiene entonces para eso que antecede o es diferente al cuerpo poseer uno? Si yo digo que tengo derecho a opinar, o derecho a trabajar, o derecho a que me respeten, estoy reclamando algo como de mi propiedad, pero no me reclamo a mí mismo. Con todo, si la ciencia acabase por descubrir cuales son las bases neurobiológicas de eso a lo que llamamos consciencia, es decir, si se demostrase la identidad entre el cuerpo y el alma, ¿prescribiría entonces la ley moral que impide acabar con una vida porque ya no sería una cuestión de derecho?

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5. El esquema del ideario progresista es: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Por lo tanto:

 

a) Se entra en contradicción cuando se defiende al débil y a lo no violencia y, por otro parte, se apoya el acabar con la vida de un embrión.

b) Un verdadero progresista será aquel que esté en contra del derecho al aborto.

 

Sencillamente disparatada la afirmación 5, y digo disparatada porque resulta que lo que se afirma es que éste es el esquema del progresismo. Si ésta fuese su esencia, entonces alguien progresista no se diferenciaría en absoluto de, por ejemplo, un cristiano. Y con esto no quiero decir que no haya cristianos progresistas, pero si es necesario añadir el epíteto “progresista” es porque hay cristianos que no lo son, y, por lo tanto, progresista ha de ser otra cosa. Parece que Delibes, cuando ha pensado en progresistas, ha pensado en el movimiento hippie. Si se tuviese que hacer un esquema de lo que significa la palabra progresista seguramente habría que atender al sutil factor de lo que quiere decir progresar. De repente uno deja de ver la conexión necesaria entre este concepto y el apoyar al débil, el pacifismo y la no violencia. Progresar es, de algún modo, negar la posición en la que uno estaba anteriormente (espacial, temporal, moral, ideológica, filosófica, religiosa) afirmando una nueva en pos de cierto avance, cualitativo o cauntitativo. El progresismo parece ser entonces una perspectiva política que cree que el estado actual de cosas puede mejorarse. Quien no es progresista piensa, básicamente, que las cosas están bien como están, es más, algunos anti-progresistas hasta dirían que cualquier cambio solo conduce a una situación peor (caos, inseguridad, degradación moral etc, etc). Quizás a esto se refiere Miguel Delibes cuando dice que alguien socialmente avazado queda con el culo al aire si se opone al progresismo, es muy difícil para cualquiera defender racionalmente que el mundo actual es el mejor de los mundos posibles, a menos que esté diciendo que a él le va muy bien en la vida y que un cambio significaría perder algo de privilegio.  Si hubiese de pensar en algún ideario esquemático del progresismo me imagino que me inclinaría por aquel que decía que progresar consiste en abandonar la infancia para entrar en la mayoría de edad, dejar atrás la conciencia heterónoma para dar paso a la autónoma. Progresista siginifica no dejarse llevar por la voz de ninguna autoridad que no sea la de la racionalidad, la propia, que es humana y por tanto universal. Significa considerarse, y atreverse a hacerlo, un ser capaz de tomar decisiones que, basadas en la razón, intentan ser las óptimas para cada caso. Pero no solamente esto sino, además, significa considerar, y atreverse a hacerlo, que los otros también son capaces de ello porque, al igual que uno mismo, son seres racionales. En cierto sentido, progresista significa no tener miedo a la libertad, ni a la propia ni a la de los demás. Pero, de suyo, el progresista necesita, para ver cumplido el sueño de la autonomía, un espacio, y ese espacio recibe el nombre de Derecho. Quizás de esta forma, algún día, una sociedad compuesta por personas así acabará siendo verdaderamente una sociedad que apoye al débil, una sociedad más pacífica, menos violenta… pero no por no cometer un delito, no por miedo al castigo, sino porque un mundo así es un mundo mejor.

 

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 http://www.abc.es/hemeroteca/historico-20-12-2007/abc/Opinion/aborto-libre-y-progresismo_1641505572225.html 

 


sobre gustos. sobre arte

Abril 9, 2008

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

esta frase era lo que se podía escuchar cuando atravesamos Mayte y yo una de las galerías del MOMUK en Viena. la planta estaba dedicada al arte vienés de la segunda mitad del siglo XX. arte contemporaneo de vanguardia, así lo llaman.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

I´m making art.

la voz que decía esta frase era intencionadamente maquinal. monótona. bueno, decidimos sin mediar palabra alguna acercarnos al origen de esa cantinela. era una sala oscura de unos nueve metros cuadrados. lo justo para que cupiese una pantalla en la que se estaba proyectando la imagen en blanco y negro de un señor de pie sobre un fondo blanco, vestido con unos vaqueros y una raida camiseta, barbudo, de cabellos desaliñados. la imagen no era de muy buena calidad. pudimos comprobar que la grabacion era del 75 (creo recordar). cada vez que este hombre pronunciaba la frase I´m making art cambiaba la posición de sus brazos, se podía observar que el cambio llevaba a una posición distinta a las anteriores, consiguiendo de esa manera que cada acción, fruto de su voluntad, fuese única, fugaz, absolutamente personal y original, I´m making art. el video duraba dieciocho minutos, bueno, eso decía el cartel, no nos quedamos a comprobarlo, el concepto quedó claro tras seis cambios de postura y, la verdad, la sensación que nos producía tampoco era de esas que “no quieres que se acabe nunca” pero I´m making art. por lo que pudimos deducir mientras visitabamos el resto de las salas de esa planta, el museo repetía la proyección en plan moviola. la frase de marras nos estuvo acompañando como si de un slogan perverso se tratase. he de reconocer que yo soy muy sugestionable a estas cosas, así que mayte me tuvo que soportar el resto del día repitiendo

I´m making art

I´m making art

I´m making art

cuando hago una de estas visitas a ciudades de europa para contemplar el arte que allí tienen suelen abordarme los siguientes pensamientos. el arte tuvo durante tanto tiempo una dimensión religiosa, o mística si prefieres decirlo así; una forma de hacer accesible de algún modo la dimensión espiritual, dicho de este modo parece que creo que la hay. no sé si la hay. no lo sé. lo que sí que hubo en su momento fue toda una dimensión de lo sagrado, con su historia sagrada, sus objetos sagrados… como dice Eliade, un conjunto de cosas que tenían más peso real que lo profano. el arte, entonces, la manera de darle consistencia, presencia, decibilidad a lo sagrado, lo que ahora recibiría el nombre de lo verdaderamente importante. por lo tanto el arte era el instrumento principal para educar a la gente en una ideología, creando, a partir de representaciones de lo sagrado, modelos fijos de pensar y vivir lo sagrado. la norma de lo sagrado, de lo verdaderamente importante.

cuando el arte empezó su camino de independencia de lo sagrado hasta alcanzar su autonomía, esta autonomía fue por etapas. primero se hizo autónomo de la religión, después se hizo autónomo de la ciencia y por último se hizo autónomo de sí mismo. hay muchas maneras de nombrar a aquel estado en el que algo se escinde de sí mismo de tal manera que en tal desdoble llega al punto de no poder reconocerse a sí mismo, a mí a veces me gusta llamarlo estado esquizoide. cuando Duchaump puso su firma en una taza de retrete y lo llamó obra de arte, no sólo realizó un acto de rebeldía cotra los museos, contra los historiadores de arte y los críticos de arte. no solamente destrozó los límites entre el objeto ordinario y la obra de arte, poniendo de manifiesto que no se trata de cumplir con unos criterios sociales (o culturales) sino de que también se trata de una cuestión de voluntad, la voluntad de quien firmando quiere transformar esto en arte y la voluntad de quién quiere ver esto como arte. en fin, hizo patente lo que es uno de los angustiosos descubrimientos del siglo veinte: parece que nada es, necesariamente, sagrado (o verdaderamente importante, o que la elección nos compromete de tal forma que no tenemos lugar del que refugiarnos de nuestra responsabilidad).

Que el sistema (sea lo que sea eso, y al decir esto no estoy siendo vago) haya absorbido el acto realizado por Duchaump y ahora tengamos un vater expuesto en un museo es secundario. lo grave es que, como me sucedió a mí mismo en el mismo museo de Viena antes mencionado, vayas a sentarte en un sillón de una sala de exposiciones y venga a tí un vigilante enfadado, señalandote una linea blanca que rodea el suelo entorno al sillón, mostrándote que te acabas de sentar en una obra de arte. os lo juro, era un simple silloncito de cuero negro, pero luego me di cuenta que tenía en un lateral una frase que decía algo así como “depende de tí” en inglés, pintada con tipex. alguien dirá que la obra de arte no es el sillón, sino precisamente el suceso que os acabo de contar o, mejor dicho, la posibilidad que abre ese sillón en esas circunstancias. vale, está bien, lo acepto.

de alguna manera, este ejército de obras de arte no pasará a la historia. y qué, se me podría decir. eso digo yo, y qué. en otro museo, el palacio Belvedere, seguimos en Viena, había una planta dedicada al arte del siglo XIX y principios del XX. En una de las salas, montones de pinturas con naturalezas muertas y paisajes. aburridas, mudas, tan importantes como lo será un pequeño sillón de cuero negro con una frasecilla ingeniosa en el siglo XXIV. mayte y yo pasamos al lado de ellas casi sin mirarlas. en otro museo, el Leopold, Acimbolo, con sus rostros hechos a base de componer naturalezas muertas, lo mismo. estos cuadros sólamente tienen interés para que los que viven de la academia tenga material para sus diatribas estériles. pero de repente, en el Leopold, Rembrandt. tres autorretratos. en el más tardio, su mujer y su hijo ya habían muerto, prematuramente, su existencia se había convertido en un infierno, en los otros dos autorretratos mira de frente, te mira a los ojos, con el rostro razonablemente iluminado, razonablemente feliz. en el más tardío, hecho al final de sus días, el rostro está en penumbra, a penas se le entreven sus rasgos faciales, como si la vida se los hubiese robado casi por completo. ya no mira de frente, mira a otro lado, como esperando pacientemente la venida de algo, quizás de lo sagrado.

Walter Benjamin habla de eliminar el aura de sagrado en la obra de arte. su idea es la democratización del arte. quitarle ese velo de elitísmo que tiene. estoy absolutamente en sintonía con su sueño. pero se ha confundido reproductibilidad con producción en serie de mercancia. democratización con comercialización. el elitismo de los que lo disfrutan no ha cambiado demasiado, pero ahora ya no se trata de nobleza, ahora se trata de cuenta corriente. cuando hablo de estos temas no puedo evitar mencionar la película Abajo el telón de Tim Robins. una maravilla, si no la habéis visto vedla, por favor. en ella se cuenta a las claras que el arte actual apoyado por la élite, el que sobrevive gracias a su mecenazgo, es ese en el que no se dice nada, puedes ver en él lo que tú quieras ver, y si no ves nada, no importa, disimula, queda bien sobre la cómoda. el otro, el que dice algo, no conviene, porque como quería Van Gogh, el arte debe de hablar de la realidad, no sumir en sueños. la realidad no debe ser dicha. la realidad, si es mencionada, puede hacer crecer la insatisfacción, puede hacer reclamar a la gente. unir. decir que la realidad es como tú quieres que sea es perverso. la realidad no es lo que tú quieres que sea. como decía el otro día Vicente Ferrer, el mundo es lo que es, aquí y ahora. cerrar los ojos y encerrarse en mundos onanistas, sean los que sean, solo sirve para preservar el status quo, es decir, que unos sigan disfrutando de lo que disfrutan a costa de otros que sigan careciendo de lo que les pertence por derecho.

el arte, como siempre, sigue transmitiendo la enseñanza de lo que es sagrado. preguntaos vosotros y vosotras qué es lo que ahora se quiere normalizar como sagrado. es posible que sea tarea de los artistas de ahora, de todos nosotros, volver a desligarse de lo sagrado, para alcanzar a ver lo verdaderamente importante. a lo mejor en la oscuridad, como Rembrandt, mirando a otro lado, aunque una voz machacona nos repita una y otra vez

I´m making art

I´m making art

I´m making art


Un comienzo

Marzo 27, 2008

lazaro2.jpg

Esta es la primera vez que vi a Lázaro. Pido disculpas por mi poca habilidad con el dibujo y la pintura. Aun así deseaba comenzar mi relato con esta imagen.